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miércoles, 4 de febrero de 2026

PROYECTO CONTRACULTURA

Lucas 14:25-27 Grandes multitudes seguían a Jesús, y él se volvió y les dijo: Si alguno viene a mí y no sacrifica el amor a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, y aun a su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.

¡Jesús está proponiendo un proyecto profundamente contracultural!

Para comprender la radicalidad de Sus palabras, debes preguntarte: ¿Cómo eran las familias en tiempos de Jesús?

En el mundo romano, la familia era la máxima expresión de autoridad. El padre ejercía dominio total sobre la mujer, los hijos y su descendencia. Era el dueño de todo, incluso de la vida de su esposa e hijos; decidía su futuro, con quién se casarían, podía castigarlos, venderlos como esclavos e incluso matarlos, y cómo esposo, podía repudiar a su mujer cuando quisiera.

Las mujeres no eran independientes, siempre estaban bajo la tutela de un hombre: padre, marido o hijo mayor; su vida se reducía al ámbito doméstico y a la crianza de sus hijos.

En cuanto a los judíos, la familia era una institución sagrada; el padre y la madre eran tenidos como “compañeros de Dios en la procreación”, por lo cual, tener hijos era una obligación religiosa. La soltería no era valorada, el no casado era visto como alguien sin bendición.

El padre era el sacerdote en el hogar, presidía la fiesta de la pascua, el rito de la circuncisión y era el único autorizado para enseñar o discutir la Ley del Señor con otros maestros.

la mujer sólo era valorada por su fecundidad, de allí la vergüenza pública que afrontaban las mujeres estériles; siempre vivía sometida a la autoridad masculina, ya fuera, padre, esposo, hermano o hijo mayor, y socialmente, se le consideraba equivalente a un esclavo o a un menor de edad, por ende, no participaba en la vida pública.

Ningún hombre judío respetable hablaría con una mujer en público, ni siquiera para saludarla; obviamente, no existían mujeres discípulas, ni niños discipulados y tampoco esclavos discípulos.

En este contexto, el llamado de Jesús es ¡un discipulado escandaloso!

Jesús propone un nuevo modelo de familia que rompe con un sistema sofocante, jerárquico e intimidatorio y enemigo de la verdadera formación espiritual. Proclama una familia en la que Dios es el Padre y todos son hermanos y hermanas, sin parcialidad ni desventaja.

El discipulado trasciende los lazos consanguíneos, las barreras sociales se derriban, no hay discriminación, surge una comunidad heterogénea que vive y camina junta, algo escandaloso para los maestros y escribas del judaísmo.

Tienes razón cuando analizas que, se puede seguir a Jesús sin ser Su discípulo, estar del lado del Rey sin ser su soldado, simpatizar con la causa sin asumir el costo, efectivamente, el camino está abierto para todos, pero los discípulos verdaderos son pocos.

 Y tú… ¿qué piensas del discipulado?

Cómo ves, el objetivo de Jesús son los discípulos genuinos, por eso Su mensaje no se adapta a las preferencias de la mayoría, ni suaviza el costo para quienes enfrentan oposición, incluso dentro de su familia.



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Raquel Toro

Amanece en Getsemaní