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lunes, 12 de marzo de 2018

UN DESCONOCIDO A LA SOMBRA DE LA MONTAÑA

Abajo, al pie de la montaña, refundido entre los matorrales y cubierto de cabeza a pies, con su vieja túnica,  un hombre aguarda a que Aquél que se encuentra sobre la ladera de la montaña termine de predicar para que descienda y entonces, poder acercarse a Él.


Pero, ¿Podrá acercarse? antes de salir, muy en la mañana, le dio una mirada a su rostro en el frágil espejo del agua de su tazón; ya está completamente deformado, ahora recuerda, inició con algún tipo de mancha blanca o rosa que le apareció en la frente, en el oído, en la nariz, en la mejilla, en el mentón y después comenzó a esparcirse por su piel en diferentes zonas de su cuerpo.

La aparente alergia se había transformado en una especie de hinchazones con forma de tumores esponjosos, inflamaron sus labios, su nariz también, su rostro ha tomado forma como de rasgos de león, se ve a sí mismo, ¡irreconocible!

De no ser porque él mismo la sabe, ya nadie podría decir su edad real, es más, cuando le ven a lo lejos y antes de que empiecen a tirarle piedras, ya no distinguen si es hombre o mujer, sólo es ¡leproso!

Si externamente ha sido devastado por la enfermedad, internamente, tiene destruida la mucosa de su boca, su voz se ha vuelto ronca y nasal, hace un gran esfuerzo cuando para no contagiar a nadie, -no quiere que nadie sea condenado a la misma tragedia- debe gritar con fuerza: ¡impuro, impuro! Aún si un desprevenido no le viera y él no pudiera gritar su conocida frase, aun así, su olor a putrefacción lo delata, es como él mismo lo pudiese decir “de aspecto repugnante, de olor nauseabundo”

Todos los sentidos humanos son repulsivos hacia el leproso: Si se le ve, es impactante; si se le escucha, su voz es impresionante; su olor repulsivo lo delata. ¡La lepra es la enfermedad de la miseria!

Dirige la mirada al horizonte, evocando el pasado, hace mucho tiempo, mucho, años y años, -esta cuenta sí ya la perdió- que vive en una choza bien alejada de las puertas de la ciudad, la soledad ha conseguido que termine de perder su identidad, ¡todo debido al horror de esta enfermedad!

Hoy está escondido entre los arbustos al pie de la montaña, con su visión regular alcanza a ver que algunos de esos arbustos son espinosos, igual, él ya no los siente, por esa pérdida del sentido de sensibilidad, es que, literalmente se rasca y se rasca de tal manera que él mismo hace que se caigan partes de su cuerpo, de su nariz, de sus dedos de manos y pies, sin sentirlo.  

Y precisamente al rascarse, ve sus manos deformadas, manos que ya no se abren como antaño, sus tendones se han recogido, más bien parecen garras y aunque tiene sus pies cubiertos, él sabe que están en las mismas condiciones.

Este es el desconocido que espera a la sombra de la montaña a que el Hijo de Dios, baje hasta allí, ¿Sí se podrá acercar? ¿La multitud que Le acompaña le apedreara y eso se lo impedirá? En verdad, está corriendo un riesgo de muerte, además de la muerte misma que ya está decretada sobre él; ¿Le recordará los pecados que pudieron haberle causado dicha enfermedad, tal y como opinan sus coterráneos?

Mateo 8:1-2 Cuando Jesús bajó de la ladera de la montaña, lo siguieron grandes multitudes. Un hombre que tenía *lepra se le acercó y se arrodilló delante de Él. –Señor, si quieres, puedes *limpiarme –le dijo.

¿Era tan grave la situación? ¿Cuál es el diagnóstico del médico?

Lucas 5:12 En otra ocasión, cuando Jesús estaba en un pueblo, se presentó un hombre cubierto de lepra. Al ver a Jesús, cayó rostro en tierra y le suplicó: -Señor, si quieres, puedes limpiarme.

Lucas tiene ojos de médico, hace una valoración de la extensión de la enfermedad: “está cubierto” y da un diagnóstico: “lepra”, también ve la angustia del enfermo: “rostro en tierra, suplicó” Es el estado de postración no sólo del cuerpo sino también del corazón, el ánimo tan abatido como el semblante, dolor en el cuerpo pero aún más dolor en el alma, Lucas pudo ver la postración humana en la que el desconocido se encuentra.

¡Suplicar es mucho más que pedir! Le llama “Señor”, “puedes limpiarme”, es una humilde oración con fe, sin reclamos, sin negociaciones, sin pactos, entregándose al poder de Dios. No es una súplica que inspire lástima, ¡es una declaración de que cree en el poder de Jesucristo para ser sanado!

Lucas, el médico, vio directo al enfermo, pero, Marcos vio el rostro de Jesús:

Marcos 1:40-41a Un hombre que tenía *lepra se le acercó, y de rodillas le suplicó: -Si quieres, puedes *limpiarme. Movido a compasión, Jesús extendió la mano y tocó al hombre, diciéndole; -Sí quiero. ¡Queda limpio!

Es un sí tildado, ¡Sí quiero! Es una expresión de Su poder y autoridad sobre la enfermedad, es nuestro JHWH RAPHA, ¡El Señor que sana! Tú que estás enfermo o que algo aqueja tu cuerpo, ¡entrégate en el poder de Jesús!

Hebreos 13:8 Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos.



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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní

8 comentarios:

  1. Jesús y Su inigualable misericordia y amor. Att:��

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  2. Amen, Jesucristo nuestro sanador

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  3. Preciosa palabra; Dios es fiel y bueno y puedo testificar del maravilloso amor y poder del Dios Altísimo que vive y reina, como la mujer del flujo de sangre, fui sanada, restaurada y como a mujer infértil Dios me sano, hizo una obra maravillosa y hoy puedo darle Gloria, Honra y Honor de constante por mis tres hijos que era imposible tener, pero
    que a ÉL le plació cambiar mi historia. Aleluya!!!
    Tenemos un Dios que no cambia🙏🙌🏻👏🏻👏🏻👏🏻

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  4. Amén! Tenemos un Dios real! Tus testimonio cuenta la grandeza de nuestro Dios.

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