Lucas 11:34-36 Tus ojos son la lámpara de tu cuerpo. Si tu visión es
clara, todo tu ser disfrutará de la luz; pero si está nublada, todo tu ser
estará en la oscuridad. Asegúrate de que la luz que crees tener no sea
oscuridad. Por tanto, si todo tu ser disfruta de la luz, sin que ninguna parte
quede en la oscuridad, estarás completamente iluminado, como cuando una lámpara
te alumbra con su luz.
Tus ojos son la ventana por la
que entra la luz e ilumina todo tu ser y el estado de la ventana decide la
cantidad de luz que entra en ti, si la ventana está diáfana, limpia y sin
obstáculos, la luz entrará a chorros en todo tu ser; si el cristal de la ventana
tiene un color o está escarchado o nublado, opaco o sucio, la luz tendrá
dificultad para entrar y no te iluminará debidamente.
La opinión que tengas de alguien
o de algo, dependerá del estado del ojo con que le ves. Hay ciertas cosas
obvias que pueden cegar o deformar una visión:
1. El prejuicio: Los conceptos anticipados impiden
que puedas tener una evaluación clara e imparcial de una persona, un
comportamiento, una reacción o una situación.
“El prejuicio, esa mutiladora determinación de caminar solamente por los
caminos trillados de la tradición y de rechazar todos los nuevos senderos...”
Mira que un valiente autoexamen te permitirá ver cuando estés actuando por principios o cuando estés víctimizando por prejuicios.
2. Los celos:
Esta emoción alteradora de la visión parece estar presente en todos, manifestándose incluso, en quienes parecen ser muy seguros de sí
mismos. Sean celos de índole sentimental, familiar, laboral, social, de
competencias y hasta económicos, siempre son altamente destructivos.
Quien sufre esta visión
distorsionada, vive en estado de infelicidad y amargura que puede llevarle a reacciones explosivas o agresivas.
Génesis 37:4 Viendo sus hermanos que su padre amaba más a José que
a ellos, comenzaron a odiarlo y ni siquiera lo saludaban.
3. La presunción:
Afecta doblemente la visión humana porque genera incapacidad para
vernos como somos en realidad y ver a otros como verdaderamente son.
Esta ceguera causará que todo lo
que alguien pueda ver sean sus propias virtudes y capacidades sobre las de los
demás; jamás dará el justo crédito que corresponde a otros y peor aún, nunca
será consciente de sus propias faltas. ¡Siempre que se compare con otros, sorprendentemente saldrá ganando!
La tendencia del corazón
humano es pensar o imaginarse lo peor; cada día se menoscaban reputaciones, se desprestigian
vidas, se deprecian capacidades, se tiene en poco las acciones, ideas y logros
de otros.
Sólo si logramos ver a los demás,
como Dios los ve: “almas que Él ama”
podremos tener una visión clara y sin deformaciones sobre la vida y las
personas.
2 Corintios 3:18 Así, todos nosotros, que con el rostro descubierto
reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados a Su semejanza
con más y más gloria por la acción del Señor, que es el Espíritu.
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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní


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