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viernes, 6 de abril de 2018

"RESPUESTA DEL EX-LEPROSO"

Jesús, de manera instantánea y milagrosa, acaba de sanar al leproso desconocido que Le esperaba a la sombra de la montaña y le da tres órdenes específicas:


Mateo 8:4 –Mira, no se lo digas a nadie –le dijo Jesús-; sólo ve, preséntate al sacerdote, y lleva la ofrenda que ordenó Moisés, para que sirva de testimonio.

Primero, no decírselo a nadie; segundo, presentarse ante el sacerdote y tercero, llevar la ofrenda que ordenó Moisés. 

El ex-leproso, rápidamente recorre con sus ojos, sus manos y la piel de todo su cuerpo y ¡está sano! qué emociones desbordadas de agradecimiento, alabanzas, y toda las demostraciones de júbilo que puedas imaginar, toman lugar en la reacción de este hombre.

Ahora, debe darse media vuelta y en completo silencio dirigirse a la sinagoga a buscar al sacerdote y llevarle la ofrenda que Moisés había dispuesto en la Ley. Ohh… ¿Por qué en silencio, si es protagonista en tremendo milagro de sanidad? Con tanta lepra en Israel, ¿por qué callar si todos pueden obtener la cura, si ya ha llegado el Supremo Sanador? ¿Cuál es la razón válida para guardar silencio? El razonamiento humano entra a analizar si es correcto obedecer o no.

Lucas 5:14 No se lo digas a nadie –le ordenó Jesús-; sólo ve, preséntate al sacerdote y lleva por tu *purificación lo que ordenó Moisés para que sirva de testimonio.

Jesús quería hacer ver “oficialmente” que el milagro era genuino, por eso le envía al sacerdote, para que al presentar la ofrenda señalada, reciba el certificado de “limpieza”, certificado que además, le permitiría ser re-insertado en la sociedad, ¡Jesús no vino a anular la Ley, sino a darle cumplimiento!

El testimonio no serían las palabras del hombre, -primera orden- el testimonio y lo que haría público y reconocido el milagro de sanidad sería presentarse al sacerdote, -segunda orden- llevar la ofrenda correspondiente a su purificación, -tercera orden-

Quien es la Suprema autoridad, ¿desconocería la autoridad del templo? ¡De ninguna manera! Jesús muestra Su respeto hacia el sacerdocio establecido por Dios e incluso Se apoya en ellos para que expidan la certificación oficial de la sanidad real y completa. Hasta que la ofrenda requerida sea presentada, el hombre permanecería “ceremonialmente” impuro, aun cuando ya estuviera sano.

¿Hizo el leproso lo que Le dijo que hiciera?

Marcos 1:43-45 Jesús lo despidió en seguida con una fuerte advertencia: -Mira, no se lo digas a nadie; sólo ve, preséntate al sacerdote y lleva por tu purificación lo que ordenó Moisés, para que sirva de testimonio. Pero él salió y comenzó a hablar sin reserva, divulgando lo sucedido.

¿Pensó el ex-leproso que era perfectamente válido y necesario contarle a los demás enfermos, a su familia, a sus antiguos amigos, la sanidad que acababa de recibir? ¡Claro que no sólo lo pensó sino que lo hizo! En su mente era absolutamente importante que todos se enteraran que el Mesías había llegado y estaba en medio de ellos haciendo milagros de sanidad.

Argumentos que parecen correctos, justificables para desobedecer, razonamientos por encima de lo que ha dicho el Señor Jesús, por encima de Su palabra, invalidando Sus órdenes.

Jesús, no es como el mundo, que tiene excepciones a las reglas y entonces en ciertos casos aplica para obediencia, pero en otros... ¿por qué no? ¿Cuál era la expectativa de Jesús al darle estas órdenes?

Marcos 1:45b Como resultado, Jesús ya no podía entrar en ningún pueblo abiertamente, sino que se quedaba afuera, en lugares solitarios. Aun así, gente de todas partes seguía acudiendo a él.

La desobediencia del hombre se convierte en un tropiezo para el Evangelio, tropiezo para la enseñanza, tropiezo para la sanidad, tropiezo para el discipulado, ¡un mal ejemplo de obediencia! hizo que Jesús tuviera que quedarse afuera de la vida de muchos, porque al ex-leproso le pareció que las cosas quedaban mejor haciéndolas a su manera y no conforme a lo que el Señor Le había dicho.

¿Por qué no obedeció? ¡Por que no quiso atravesar por el proceso! El ritual de purificación descrito en Levítico era molesto y hasta vergonzoso, ¿no era mucho mejor que el ritual, mostrarles a los demás sus manos y pies, ya sanos y que creyeran en el Señor por lo que él decía  y no por lo que obedecía?

Cuando Jesús, le envía al sacerdote, es porque, el hombre necesita dirección, necesita enseñanza, necesita discipulado, pero tampoco quiere pagar el precio del discipulado, está tan arraigada la desobediencia en el corazón humano, ¿por qué recibiendo Sus favores, no recibimos también con ellos Sus mandatos?

El orgullo espiritual nos hace creer que lo que  podamos hacer para Dios,
es más importante que obedecer.

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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní

4 comentarios:

  1. Hermosa reflexión para este día.nuchas gracias

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  2. Amén. ¿A quién o a que está sujeta nuestra obediencia? Bien lo dijo el SeñorJesús por medio de la parábola acerca de quienes construyen su casa (su vida) sobre la roca o la arena. Su palabra representa la roca y la arena los principios de este mundo; y Jesús nos anticipa para que decidamos sobres las consecuencias en uno y otro caso tendremos. El que obedece y cumple sus mandatos, podrá sufrir vientos y tormentos en su vida, pero el
    Salvador no permitirá que tales ataques lo destruyan, lo contrario pasa con el que hace caso omiso, no obstante conocer la verdad. Gracias Raquelita

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