Mateo 8:19-20 Se le acercó un maestro de la ley y le dijo: -Maestro, te seguiré a
dondequiera que vayas. –Las zorras tienen madrigueras y las aves tienen nidos –le
respondió Jesús–, pero el Hijo del hombre no tiene dónde recostar la cabeza.
Alguien, luego
de escuchar a Jesús, de asombrarse de Su autoridad al hablar, de maravillarse
ante Sus milagros, de conocer a Uno que jamás pensó que existiera sobre la
tierra y, menos que pudiera llegarse hasta Él y hablarle así, de manera tan cercana, sencillamente, está abrumado ante La presencia de Jesús,
¡Quiero vivir cerca de ese Hombre!
Es el
impacto de La personalidad de Jesús que, sigue tan vigente en nuestros días
como durante el primer siglo; en un sentido general, todos los que Le vieron, experimentaron
ese impacto, pero de quien se refiere aquí, es un maestro, una autoridad en
cuanto a la ley, uno calificado para enseñar, ¡muy bien preparado! no un seguidor de algún maestro sino que él mismo es, ¡un maestro !
Sabiendo lo qué es ser un maestro, Le dio a Jesús el título más justo y adecuado que entendía:
“Maestro”, le llamó en griego, didáskalos;
en hebreo, Rabí; y tenía razón, Jesús es el más grande Maestro que haya podido
venir a esta tierra, aunque muchos no aprecien Su enseñanza.
Los escribas,
igual que los fariseos, eran hostiles a Cristo, con una oposición tan marcada
que rayaba en lo descortés, así que, este hombre, está rompiendo públicamente con
sus colegas al declarar su deseo de seguir a Jesús. ¡Es una oferta excelente de
servicio! ¿Qué líder en nuestros días, podría despreciar o desanimar a este aspirante?
No se trata
de desanimar, se trata de concientizar sobre el costo del servicio; ¿Qué
entrenador, cuando toma a cargo un aspirante a alguna disciplina atlética, no
tiene que prevenirle sobre el esfuerzo que representa seguir esa competencia? ¿Qué
músico no deberá decir sobre las largas y monótonas horas de ensayo? ¿Qué maestro no advertirá del largo tiempo de preparación, estudio y lectura, para quienes quieran enseñar o predicar?
¡Es una responsabilidad advertir el costo!
Jesús no
hace otra cosa que advertirle del costo de Seguirle a dondequiera que Él vaya: “Debes cargar tu
cruz y seguirme”, “Estoy por encima de toda relación afectiva que puedas tener”,
“Haz tesoros en el cielo y no en esta tierra” En todas las áreas de tu vida, habrá siempre unas demandas que
cumplir, un costo que pagar, más aún, en el servicio al Rey de Reyes y Señor de
Señores.
Mira que, el texto
termina sin decirnos nada más sobre este maestro, ¿por qué? ¡Porque no Le siguió!
quedó un espacio en blanco entre el verso veinte y el veintiuno.
Esto no es
enfriar el entusiasmo es,
¡Equipar
para que el entusiasmo permanezca siempre!
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