Hoy hablaremos del rey David...
Lentamente
se van encendiendo las antorchas en la amada ciudad, lentamente también, y
hasta con desánimo e incertidumbre, el rey camina en su sala privada.
El mensajero portador de la noticia dice: "su hijo, ha decidido sacarle de
palacio" Oh... tantas veces lo pudo adivinar en sus acciones, en su trato con la
gente y en el repentino surgimiento de más y más seguidores.
La historia se repite, sólo que en aquella ocasión, -evoca sus recuerdos- era bastante joven, como el joven rebelde que ahora desde
Hebrón, se subleva y al amparo de la fuerza de su ejército, ¡se autoproclama rey!
Sin embargo,
-continúa hablando consigo mismo-, “Yo, ya había sido ungido como rey, más no
moví ni un solo dedo, ni la fuerza de siquiera un hombre, para reclamar mi
lugar dentro del reino, fue Dios quien me puso en este trono y me entregó Su
pueblo para gobernarle.
¿Por qué insensata
razón cree Absalón que mi reino debe terminar? o… ¿Mi Dios, también piensa que he llegado el final de mi reinado? Bueno, de ser así,
Él me lo habría comunicado o… ¿ésta es Su comunicación? Igual, más que
retener el reino, quiero retener Su Santo Espíritu, ¡más que el liderazgo, quiero hacer Su voluntad!
No es
cualquier pueblo, ¡es el pueblo de Dios! No es cualquier reino, ¡es Su reino! ¿Cómo
podría ser dividido, aun cuando fuera entre un rey y su hijo? No… continúa el rey, ¡No tomaré el Nombre
de Dios para defender mi reino! Ese no es motivo suficiente, podría estarme
levantando en contra de los designios divinos, en lugar de ello, ¡Dejaré
libre mi lugar, antes que causar una división!
Habiendo escuchado el monólogo, su hombre de confianza todavía argumenta:
- ¿Por qué no defender el reino? ¡No puede ser dejado en las manos de un rebelde!
- Shhhh… ¿Subestimas la capacidad de Dios para defender el reino que me ha dado?
¿Desconfías de Su fidelidad para respaldar a quien Él mismo ha llamado? ¡Así
como anhelo el cumplimiento de Su voluntad, así, me someto a ella!
2 Samuel 15:25b Si cuento con el favor del SEÑOR, él hará que yo regrese y vuelva a
ver el arca y el lugar donde él reside. Pero si el SEÑOR me hace saber que no
le agrado, quedo a su merced y puede hacer conmigo lo que mejor le parezca.
Una vez más, mira hacia la amada Jerusalén, sólo Dios sabe si volverá a
verla, está decidido a no dar la pelea apoyado en las fuerza humanas, ni en sus
propios razonamientos, sin embargo, algo hará y lleva prisa por
llegar a ese lugar…
2 Samuel 15:30 David, por su parte, subió al monte al monte de los Olivos
llorando, con la cabeza cubierta y los pies descalzos. También todos los que lo
acompañaban se cubrieron la cabeza y subieron llorando.
Siglos más
tarde, Alguien más Se llegaría hasta este “Monte
de los Olivos” a suplicar por el cumplimiento de La voluntad del Padre y no
la propia.
No, no creas
que es llanto de derrota, es el llanto del que se refugia en Dios con todas sus fuerzas;
es el llanto del que entrega toda su esperanza, su corazón, todo en manos de su
Salvador; es el llanto del que sube al encuentro espiritual con su Señor, a sabiendas
que no habrá fuerza humana que pueda oponerse a la fuerza de Dios cuando Éste
le defienda; es la determinación del que aguarda de Dios las instrucciones a
seguir, sin sucumbir al miedo, ¡Ni al escándalo de las tropas enemigas!
2 Samuel 19:10 Pero ahora Absalón, al que habíamos ungido como rey, ha muerto en
la batalla. ¿Qué nos impide pedirle al rey que vuelva?
¡Sólo en Dios está la victoria!
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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní


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