¿Recuerdas a Caín?
Enojado, sinónimo de enfurecido, ¿Acaso debía ser Abel la víctima, por hacer lo bueno?
Es lógico pensar que este malsano estado de emociones desembocaría en ira y violencia. Caín está pasando por cólera con decaimiento como resultado de la envidia y, sin asumir su responsabilidad, sí odia la acción de Abel, que
sí era correcta y adopta una posición de víctima.
Al pecado de Adán sigue el pecado de Caín, el pecado haciendo estragos en la naciente humanidad.
En lugar de
arrepentirse por su desobediencia al presentar una ofrenda inadecuada, reacciona
con hostilidad frente a Dios, -a Quien no podía matar- y se llenó de rabia contra
su hermano, ¡a quien sí podía matar!
Génesis 4:7 Si hicieras lo
bueno, podrías andar con la frente en alto. Pero si haces lo malo, el pecado te
acecha, como una fiera lista para atraparte. No obstante, tú puedes dominarlo.
En Su misericordia, Dios le advirtió
que el pecado estaba a la puerta, que aún podía cerrarla y
volver la espalda al pecado; ¡Sólo si
hubiera prestado atención al Padre y no a sus emociones!
La palabra
hebrea que se traduce por “acecha”, se refiere a un demonio conocido
como rabitsu; el pecado se presenta aquí como un demonio, acechando, esperando agazapado,
como una fiera lista para abalanzarse sobre Caín.
El texto muestra
lo que ocurre dentro de Caín y anuncia lo que hará a
continuación; también sugiere que Caín, ya estaba planeando la muerte de su hermano. Igual
que Eva, Caín se encuentra frente a la tentación, ya no ante un árbol,
sino ante el deseo de venganza.
El deseo del pecado es el de dominar y esclavizar
a Caín, ¡si éste no domina el pecado, el
pecado lo dominará a él!
Nuestro
amoroso Padre le busca para prevenirle del peligro en que se encuentra, para
ayudarle a ver que puede ejercer dominio
propio y vencer la tentación; si en el caso de Adán y Eva, el Señor anhelaba
preservarlos de la muerte, aquí, desea evitar que Caín rompa la fraternidad con
su hermano.
El ser
humano está en capacidad de decidir libremente si rechaza o acepta la tentación;
el pecado sí está a la puerta, pero Caín,
aun con su mala actitud, si administrara bien sus emociones frente a la Palabra de
Dios, tendría toda la capacidad de dominar la situación.
Santiago 1:15 Luego, cuando el
deseo ha concebido, engendra el pecado; y el pecado, una vez que ha sido
consumado, da a luz la muerte.
Nadie
podrá decir: “pequé inesperadamente”
¡No! Siempre es resultado de un proceso.
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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní


Dios siempre nos manda hacer obedientes.
ResponderBorrarSabemos que estamos espuestos al pecado del mundo, claro si no estamos firmes en Cristo.
Con Cristo en nuestro corazón podemos estar libres exentos de contaminaciones.
Doy gracias a Dios porque siempre esta conmigo.
Bendiciones Rosalbita!!
ResponderBorrarAmén
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