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jueves, 30 de julio de 2020

EVIDENCIA DE CULPABILIDAD

¿Recuerdas al célebre detective Sherlock Holmes?

Arthur Conan, el creador de este detective de ficción, contó una anécdota: Decidió hacerles una broma a doce de sus amigos, les envió un telegrama que decía: ¡Huye inmediatamente… todo se ha descubierto! Todos salieron del país en el plazo de 24 horas.

Quién lo creyera, pero cuando alguien se siente culpable, toma como alternativa, huir, alejarse y, es precisamente esa huida la que lo delata, esta paradoja pareciera cosa de niños, pero sucede con bastante frecuencia.

No volver a visitar a “alguien”, no contestarle más el teléfono, no querer encontrarle, no asistir más a la Congregación, dejar de frecuentar cierto lugar, son apenas síntomas que delatan que algo más está ocurriendo.

La verdad es que existe en cada corazón algo de amor a las tinieblas: “secretos que nadie debe saber”, “acciones escondidas”, y si por alguna razón teme ser descubierto, el sentido de culpabilidad le acusará de tal manera que optará por la huida y esto resulta tan equivocado que, en vez de traer solución, complica las relaciones.

Juan 3:20-21 Todo el que hace lo malo aborrece la luz, y no se acerca a ella por temor a que sus obras queden al descubierto. En cambio, el que practica la verdad se acerca a la luz, para que se vea claramente que ha hecho sus obras en obediencia a Dios.

Esto es lo que sucede en relación a Jesús, que donde quiera que Su nombre es proclamado, que Su palabra es predicada, surge una división: por una parte, quienes rehúsan escuchar el mensaje y por otra, quienes se acercan a la luz de Su presencia.

Si un alma responde ante Jesús con alabanza y obediencia, con seguridad está en el camino de la salvación; pero si, por el contrario, huye de Él, está en el camino de la condenación eterna; la reacción de alejarse o acercarse, sólo es el síntoma que evidencia su realidad espiritual.

No es Dios el que condena, y precisamente por ello, nos ha enviado a Jesús;
lo que sucede es que, el que está haciendo lo malo y quiere seguir haciéndolo, evita ser expuesto al reflector divino, por eso decide seguir en oscuridad, tal vez no ha caído en la cuenta que esa oscuridad puede ser eterna.

Huir complica tu futuro eterno, ¡acércate!, aún es de día, aún el sol de justicia puede iluminar tu alma y traer sobre ti, luz que durará por la eternidad.


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Raquel Toro 
Amanece en Getsemaní

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