Cuando
vives cumpliendo las expectativas de otros, ya sea el núcleo familiar o el núcleo
laboral y olvidas separar un tiempo para ti mismo, para ti misma, o para tu
crecimiento personal o haciendo sencillamente algo que te agrade, podrías
parecerte al buen ciudadano que luego de cumplir con todos sus pagos, impuestos,
obligaciones familiares, se enfrenta a la realidad de que no le ha quedado nada
en sus bolsillos para él mismo.
O
tal vez, parecerte al ama de casa que mantiene todo en orden, cada cosa en su
lugar, en una dedicación constante, absorbida por la rutina de todos los
quehaceres y que, al terminar del día, puede sentir que no le ha quedado nada de
tiempo para sí misma.
Mientras
vivamos de esta forma, lo más seguro es que llegaremos a sentirnos muy infelices,
porque tratar de cumplir con todas las demandas que en el día a día se imponen
sobre nuestro “yo”, emocionalmente, no quedará nada en nosotros para
sustentarnos.
Así,
nos iremos sintiendo más y más enojados y al final nos convertiremos en
personas amargadas, descontentas, quejumbrosas, cantaletosas, repitiendo: cómo
los demás no se dan cuenta de mi sacrificio, ¡comportamiento de mártires!
Mt 11:28-29 Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré
descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de
corazón, y encontrarán descanso para su alma.
Jesús
está hablando de un esfuerzo prolongado, una carga pesada que produce desesperanza
o ansiedad.
Tu
necesidad afectiva no puede ser saciada por ningún ser humano, a pesar de que te
amen mucho y te lo demuestren, porque fuiste diseñado, diseñada, con una
profunda necesidad del amor de Dios.
Tu
necesidad emocional tampoco puede ser satisfecha por las propiedades, la
solvencia económica, porque tu paso por esta tierra es temporal y además muy
corto; en realidad eres ciudadano del cielo, tu alma siempre estará anhelando regresar
al hogar del Padre.
Cuando
entiendes que cada actividad o cada relación sobre esta tierra son una
preparación para la vida en el cielo, entonces puedes priorizar, seleccionar,
delegar y elegir vivir en la actitud correcta de amor y servicio que no reclama
gratitud humana, pues tu recompensa te espera en el Cielo.
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