Desde las ciudades, los poblados, las aldeas, por todos los caminos que conducen a Jerusalén, avanzan presurosos los miles de peregrinos; esa semana del año, es indispensable asistir al Templo, la mayor cantidad de ellos se reunirán y celebrarán juntos como un solo pueblo, el pueblo escogido por Dios.
Para
quienes viven allí, es la oportunidad de recibir bendición siendo hospitalarios
con los visitantes, ¡qué buena costumbre del pueblo judío! pero, aun así, es tanto
el gentío que está llenando la ciudad, que ya es imposible conseguir
alojamiento.
¿Cuál
es la celebración? ¡La fiesta de Pesaj! La celebración con que recuerdan la
salida de Israel de Egipto y su esclavitud; tienen urgencia, han llegado con
anterioridad para llevar a cabo su rito de purificación ceremonial y apenas
quedan seis días.
Jesús
y los Suyos también caminan hacia Jerusalén, más sus expectativas son
diferentes, Jesús está llegando al final de Su vida en esta Tierra, ¡ésta es Su
última semana! Va hacia La Cruz.
Ha
decidido hacer un alto en el camino, aún no irá a Jerusalén, eso sucederá al
día siguiente y las generaciones lo recordarán como “La Entrada Triunfal”; Jesús va a entrar en Betania, la aldea donde
viven Sus amigos, Marta, María y Lázaro; ¡Cómo le resulta de reconfortante a
Jesús, ese hogar! Tendrá un tiempo de paz, sobre todo después de la tensión de
los últimos días, la oposición de sus enemigos que está llegando a su punto
culminante.
Es
admirable la valentía del Señor Jesús, sabe que se dirige a la ciudad enemiga,
sabe que las autoridades Le odian y han jurado matarle y, en definitiva, ellas
tendrán la última palabra, a fin de que se cumpla La Escritura. ¡Marchó hacia Jerusalén, a sabiendas de las
cosas que Le iban ocurrir allí!
Hasta
los discípulos sienten el peligro de regresar a Jerusalén, saben del complot en
contra de Jesús, ya nadie es confiable, sin embargo, acompañan a su Maestro, tal
vez no están del todo conscientes de lo que sucederá allí.
En
casa de Sus amigos ¡Han preparado una cena en Su honor! Su alegría para
recibirlo es evidente; contrario a las expectativas del mundo y de las
tradiciones religiosas, la prioridad es ofrecer hospitalidad a Jesús, tener una
cena de comunión de corazón a corazón.
¿Tú
has cenado con Jesús? ¿Hace mucho tiempo? ¡Vuelve a preparar tu corazón para
cenar con Jesús!
¿Te
alejaste de tu Señor? ¿Saliste de Su casa y emprendiste un viaje lejos de Él?
¡Es el momento oportuno para regresar! Te estás perdiendo de tiempos de paz y
tranquilidad que sólo puedes hallar en Su presencia.
Permite
que la alegría de permanecer en comunión con Jesús vuelva a ser evidente, que
nuevamente haya celebración y gozo en tu corazón. Mira que el gozo de celebrar
contigo, en la eternidad, le dio a Jesús el valor de atravesar por el dolor de
la crucifixión.
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Raquel Toro


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