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miércoles, 2 de septiembre de 2020

EL FARO APAGADO

¿Cómo pueden ser vistos los barcos en el Océano durante la noche?

Es importante, porque además de necesitar ver, también deben ser vistos por otros barcos.

En un faro cercano a una isla, cada mes, el responsable de cuidar ese faro, recibía la suficiente provisión de combustible para mantener su luz encendida. Una noche, una mujer de la aldea vino hasta él y le rogó que le diera un poco de combustible para mantener el calor en su hogar; en otra ocasión un papá le pidió un poco para mantener su lámpara encendida; otro habitante de la isla también necesitaba para lubricar un motor; la verdad que todas las peticiones eran válidas, de tal forma que el cuidador del faro, les dio el combustible que necesitaban.

Acercándose el final de mes, notó que le quedaba muy poco combustible y preciso, ¡Se le terminó y el faro se apagó! Esa oscura noche, varios barcos chocaron y murieron sus tripulantes. Cuando las autoridades investigaron, el cuidador del faro, presentó las razones por las cuales dio a otros, parte del combustible; pero la respuesta y la sentencia fue firme: Le hemos dado combustible solamente con un propósito: ¡Mantener el faro encendido!

Mateo 25:8-9 Las insensatas dijeron a las prudentes: “Dennos un poco de su aceite porque nuestras lámparas se están apagando” “No –respondieron éstas– porque así no va a alcanzar ni para nosotras ni para ustedes. Es mejor que vayan a los que venden aceite, y compren para ustedes mismas.  

A primera vista parece que las prudentes se habían vuelto egoístas; pero, ¿no resulta demasiado tarde para un estudiante prepararse para sus exámenes justo la noche anterior de presentarlos? ¿No es demasiado tarde querer capacitarse para aplicar a un trabajo justo cuando la oportunidad ya se está presentando? Resulta que no compartir el aceite que tenían en abundancia es, “responsabilidad espiritual”

Esas lámparas requerían mucho aceite para mantenerse encendidas, había que estarlas empapando cada cuarto de hora y las prudentes lo sabían; pero muchos olvidan que existen cosas que no se pueden obtener en el último minuto; así como nadie puede tomar prestado de la relación con Dios que otra persona tiene, cada quien debe desarrollarla y cultivarla por sí mismo.

Las jóvenes dieron el consejo correcto, aunque tú disfrutes de la gracia suficiente de Dios, de bendiciones y planes de bienestar, de la presencia del Espíritu guiándote en tu relación con Jesús, lo único sensato es decirle a quienes no tienen todo esto, que busquen esa misma relación con Jesús.

Así como nadie puede alimentarse por otro, tampoco se puede creer por otro, ni salvarse por otro, es un asunto totalmente personal. Cuando tú buscas diariamente la Presencia de Dios y alimentas tu relación con Él en el día a día; sin negociar tus principios ni tu santidad, sencillamente estás ejerciendo la responsabilidad de sostener tu luz encendida.


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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní

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