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domingo, 18 de octubre de 2020

PATOLOGÍA EMOCIONAL

¿De qué color pintarías los celos?


Cuentan que unos demonios principiantes estaban en grandes dificultades pues no podían hacer caer en sus tentaciones a un siervo muy consagrado; le incitaban presentándole cantidad de oportunidades para pecar, pero nada, no podían seducirlo, él estaba comprometido a vivir en santidad.

Frustrados, volvieron a satanás y le entregaron un informe de sus derrotas, a lo que satanás respondió: –Llévenle una buena noticia, un gran mensaje, hummm, por ejemplo, díganle: ¡Tu hermano acaba de ser nombrado obispo de Antioquía!

Siguiendo este nuevo enfoque, los demonios regresaron donde el siervo y le comunicaron la alegre noticia del logro ministerial de su hermano, y sucedió que, en el mismo instante en que les escuchaba, este siervo cayó en unos celos profundos y mezquinos.

Envidia y celos ministeriales son las armas más usadas por el enemigo contra los siervos que se esfuerzan en vivir en santidad, prácticamente no hay nadie que no haya vivido esta patología emocional.

Juan 3:27 –Nadie puede recibir nada a menos que Dios se lo conceda –les respondió Juan–. 

Como tú lo sabes, el ministerio de Juan el Bautista y el de Jesús, coincidieron en su tiempo, y a medida que el nuevo Maestro ganaba más y más seguidores, hubiera sido entendible si Juan se hubiera sentido abandonado o injustamente olvidado, pero no, Juan conocía bien su llamado y su ministerio, eso le permitió mantenerse dentro de los límites de lo que Dios le había otorgado.

A pesar de que a sus propios discípulos no les agradaba la idea de ser un Ministerio de segundo lugar, Juan les dio la respuesta más sabia y sensata que jamás hubieran podido esperar: “Nadie puede recibir nada a menos que Dios se lo conceda”

Esto es verdad tanto en el caso de Juan como en todos los Ministerios, cada quien recibe aquello que en la voluntad soberana de Dios le ha sido concedido.

Todos los llamados son diferentes y muy personales, así como el equipamiento para desarrollar dichos llamados, por tanto, existen los ministerios grandes, medianos y pequeños, y sus líderes no deben envidiar el brillo de los más grandes, ni tampoco sentir anhelo del compañerismo y la comunión de los más pequeños.

Tú tienes un rol a desempeñar dentro del Cuerpo de Cristo y mira que ese rol es muy importante, no existe servicio pequeño, tampoco ministerio insignificante, sólo que algunos se desarrollan con gran notoriedad y otros como tras bambalinas, pero todos están siendo vistos por Dios, incluso, los ministerios pequeños, pueden hacer inmensas diferencias en el Reino.

Es una locura caer en celos ministeriales por lo que Dios ha concedido a otros, es necesario practicar la humildad del corazón de Juan para poder reconocer y no olvidar en ningún momento que todo lo que eres y tienes lo has recibido por gracia.


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Raquel Toro 

Amanece en Getsemaní

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