¿Cómo reaccionas cuando ves llorar a alguien?
Porque muchos
se sienten incómodos cuando ven lágrimas en los ojos de otra persona, no saben
qué decir, ni están seguros de cómo reaccionar, quizá la frase inmediata sea: “Cálmate,
no llores”
La
verdad, es un misterio, esa extraña conexión entre las lágrimas y los
sentimientos de dolor, de tristeza e incluso, de alegría; más lo cierto es que
si alguien llora, por la razón que sea, necesita llorar con libertad.
Cómo tú
ya lo sabes, llorar puede significar un gran alivio, en ocasiones, lo único que
debes hacer cuando ves llorar a alguien, es tener cerca unos pañuelos de papel,
abrazarle o tomarle de la mano y esperar que su sentimiento se desahogue a
través de sus lágrimas, no tienes que decir nada.
Sonrisas,
carcajadas, llanto, sollozos y lamentos, todas son demostraciones conmovedoras
que forman parte de tu sensibilidad humana, no deben ser silenciadas, muy por
el contrario, tanto en privado como en presencia de otras personas, son una saludable
vía de salida a tus emociones.
Salmo 56:8 Toma en cuenta mis
lamentos; registra mi llanto en tu libro. ¿Acaso no lo tienes anotado?
La
soledad de una cueva, el miedo que se siente ante la persecución de los
enemigos, el peligro de muerte, pueden ser verdaderamente intimidantes, tanto,
hasta producir en David, la desestabilización emocional que manifestó en escandalosos
lamentos.
Resulta
un verdadero alivio, la opción que tienes tú, como creyente, de ir delante de
Dios y derramar tu corazón de forma sincera y honesta, porque Él toma en cuenta
todos tus sufrimientos, tu dolor, el abandono, la desilusión, la calumnia o la
enfermedad o lo que quiera que sea que te haga estallar en lamentos o
desahogarte en lágrimas.
A través
de toda La Escritura, encuentras la idea de que El Dios de toda consolación, registra
en Sus archivos celestiales, en “Su Libro de Memorias”, tus sentimientos de
angustia como asuntos que necesitan de Su protección y Su intervención
providencial.
Así que igual
que David, puedes estar confiado, confiada, en que Dios se percata de tu entrar
y tu salir, tu sentarte y levantarte, de cuando estás dentro del hogar o en el
camino, el Señor está siempre pendiente de los que ama, ¡Claro que serás
consolado y reivindicado, consolada y reivindicada! nada ha pasado
desapercibido por el Dios que te ve.
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