¿Sabes qué sucedió finalmente con Poncio Pilato?
No se
sabe con seguridad dónde nació o cómo fue su vida antes de llegar a Judea, donde
gobernó desde el año 26 al 36 d.C.
¡La cruz
fue una encrucijada en la vida de Pilato! por un lado, su conciencia le decía, tal
y como él mismo lo afirmó: “No encuentro que este Hombre sea culpable de nada”;
pero, por otra parte, lo incitaban los gritos de la multitud, multitud que
indudablemente, él quería satisfacer.
Pilato estuvo
frente a frente con Jesús, sabía que Jesús era inocente, por eso no encontró ninguna
figura jurídica de la que pudiera hacer uso para condenarlo; se dio cuenta que los
líderes religiosos le habían tendido una trampa y que todo lo dicho acerca de
ese acusado era mentira.
Mateo 27:19 Mientras Pilato estaba
sentado en el tribunal, su esposa le envió el siguiente recado: “No te metas
con ese justo, pues por causa de Él, hoy he sufrido mucho en un sueño”
En medio
de la encrucijada y la urgencia de tomar una decisión, una voz vino en el
auxilio de Pilato, ¡la voz de su esposa!
De alguna
forma, Dios comunicó a esta mujer, que Jesús era un hombre justo y ella fue a
advertir a Pilato, a tiempo, y por unos momentos, él prestó atención a ese ser amado
que quería ayudarle para que obrase de manera correcta.
¿Hay
alguna voz de un ser querido, tu esposa, tu esposo; mamá o papá; hija o hijo;
que te ha estado hablando de Jesús? ¿Un ser amado que te ha insistido, quizá te
ha rogado para que obres de acuerdo a lo que Dios dice sobre su Hijo? ¿Has
escuchado a favor tuyo, la voz intercesora de alguien que te ama?
Pilato
pensó, a pesar de la amada voz de advertencia, que podía ignorar a Jesús; creyó
que se desocuparía rápidamente del caso de ese Rey de los judíos y regresaría
prontamente a desayunar junto a su amada esposa, pero no fue así… tomó una
decisión en contra de la justicia, en contra de la vida, y más aún, en contra de
sí mismo.
Sobre el
año 37, luego de ser destituido de su cargo de gobernador, Pilato regresó a Roma,
y en Viena, antes de suicidarse, con toda seguridad, nuevamente recordaría, que
una vez estuvo frente al galileo, frente al Hijo de Dios, y lo crucificó.
¡El
mensaje de la cruz sigue siendo una encrucijada! A no ser que atiendas la voz
amada que te trae las buenas nuevas del Hijo de Dios.
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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní


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