Luego
de haber escuchado repetidas veces, su pequeña lengua redonda, que mueven con mucha
rapidez, provoca que las vibraciones del aire en las paredes de la siringe
reproduzcan aquellos sonidos que continuamente están escuchando, pero que de
ninguna manera pueden razonar lo que significan.
Santiago 1:23-24 El que escucha la
palabra, pero no la pone en práctica es como el que se mira el rostro en un
espejo y, después de mirarse, se va y se olvida en seguida de cómo es.
En
la antigüedad, los espejos no se hacían de vidrio sino de metal pulimentado, así
se podían ver claramente los detalles que desfavorecían el rostro o las ondas
de cabello fuera de lugar y que harían lucir un tanto despeinado; se supone que,
al verse en esta forma, se tomarían los pasos necesarios para embellecerse,
pero si en lugar de ello, la persona se olvida de su apariencia y continua como
si nada pasara, desperdiciará la oportunidad de mejorarse a sí mismo.
El
espejo es al rostro lo que La Escritura es al alma humana; si luego de haber
visto en sus versículos, lo que debes cambiar, los comportamientos fuera de
lugar o los nuevos hábitos que deberías adoptar, tú, sencillamente cierras y no
actúas de inmediato, a pesar de haber entendido, olvidarás lo que debes
practicar.
Se
dice que las personas se pierden porque no han escuchado sobre Jesús, pero la
verdad que muchos que han escuchado sobre Él también se perderán.
Mira
que todo el mundo tiene un conocimiento básico de los mandamientos de Dios, una
cierta honestidad, normalmente no arrebatan los bienes de sus prójimos; no oprimen
a los pobres; procuran pagar sus deudas, practican ocasionalmente la verdad y
la justicia, ofrecen cierta solidaridad y ayuda mutua; pero tú sabes mucho más
que eso, has leído La Escritura.
Mira
que haber escuchado por repetidas veces, haber compartido o recitado con gran
precisión ciertas porciones bíblicas, o haber ganado alguna olimpiada bíblica,
o caído en la nota de alguna alabanza, pero, sin adoptar los cambios que se te
advirtieron, es mucho más que desilusionante, te acarrea la responsabilidad de haber
escuchado y no practicado.
La
entrega a Dios no significa dejar de pensar y obrar racionalmente, todo lo
contrario, ¡Dios no quiere desperdiciar el intelecto que te dio! Sino usarlo
para Su gloria y tu bienestar.
¿Deseas apoyarnos financieramente?
Puedes ofrendar con el siguiente enlace o QR desde Nequi:
Amanece en Getsemaní


No hay comentarios.:
Publicar un comentario