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miércoles, 27 de agosto de 2025

EN LA PUERTA DEL TEMPLO

Mira lo que ocurrió un día cuando los  apóstoles Pedro y Juan, subían a orar al templo:

Hechos 3:1-2 Un día subían Pedro y Juan al templo a las tres de la tarde, que es la hora de la oración. Junto a la puerta llamada Hermosa había un hombre lisiado de nacimiento, al que todos los días dejaban allí para que pidiera limosna a los que entraban en el templo.

Un hombre lisiado de nacimiento está sentado junto a la puerta principal del templo, la Escritura no dice su nombre, quizá todos le llamaron siempre, “el lisiado”

Las personas pasan casi sin notar su presencia y aunque su situación es evidente, nadie se detiene a pensar en él, en su hambre, su incapacidad para moverse por sí mismo.

Todos los días muy temprano, “alguien”, lo trae y lo deja allí para que pida limosna a quienes van entrando y cuando termina la jornada de oración, ese “alguien” viene y lo recoge; así transcurre la vida desde su lugar, pasan los días mientras pide limosna.

Mendiga lástima, recibe monedas… Cierto es que está lisiado en su cuerpo, pero también mentalmente; incapacitado para moverse y también para soñar, pobre físicamente y también con pobreza mental.

En la puerta, ve lo que sucede dentro y también ve lo que sucede afuera; ha escuchado sobre Dios todo lo que enseñan adentro y también lo que dice el mundo afuera; ve a los que están adentro recibir una vida nueva, restaurada, sin embargo, también se queda mirando lo que viven los de afuera.

Incapacitado para tomar una decisión y cuando tú no decides, "alguien" lo hará por ti. 

¿Alguien con una sencilla llamada hace que alteres tu día?

¿Alguien, con su invitación, evita que estés en el lugar donde debías estar?

¿Alguien te detiene o te retrasa para hacer lo que Dios quiere que hagas?

Si sucede, es porque no has tomado una decisión o porque no te determinas a permanecer en ella.

¡Es una posición ambivalente! sabe tanto de Dios que no se va de la puerta del templo y, le atrae tanto el mundo que no se decide a entrar en la vida que da Jesús. ¡En la puerta, sí... que no resulte comprometido!

¿Por qué cuesta tanto tomar una decisión por Cristo? ¿Por qué rehusar corresponder al Único que nos amó tanto hasta el punto de dar Su vida para que tuviésemos vida eterna en Él?

Hechos 3:3 Cuando éste vio que Pedro y Juan estaban por entrar, les pidió limosna.

Pide limosna aún que son los discípulos y que él sabe que el Espíritu de Dios está en ellos, el amor por el mundo incapacita para pedir adecuadamente; no se imaginaba viviendo de otra forma, si se tratara de renovarse o volver a empezar, el mendigo permanecerá sentado a la puerta.

Sólo las palabras de Jesús te pueden ayudar a disfrutar esa vida nueva y victoriosa que se vive dentro de Su casa, nota conmigo:

Hechos 3:7-8 Y tomándolo por la mano derecha, lo levantó. Al instante los pies y los tobillos del hombre cobraron fuerza. De un salto se puso en pie y comenzó a caminar. Luego entró con ellos en el templo con sus propios pies, saltando y alabando a Dios.  

Tomarte de la mano de Jesús, ofrece ese tremendo cambio de estar lisiado a caminar y saltar, de estar ciego a ver; todo tu ser cobra fuerza, Jesús llega para darte vida y vida en abundancia.

El cristianismo es un caminar de la mano de Jesús, conociéndolo, permitiéndole que afirme tus tobillos y pies; quizá unos caminen despacio, otros más a prisa, saltando, que pesar por los que deciden quedarse sentados a la puerta del templo.

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Raquel Toro

Amanece en Getsemaní

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