Muy disgustado bajó su ventanilla y con
energía le reclamó: ¿está loco? ¿Qué es lo que está haciendo? ¡Por poco me hace
atropellarlo!
La respuesta fue todavía más increíble: “Señor,
el siguiente puente, más adelante, a 100 m., acaba de desplomarse. Quienes iban
delante de mí, cayeron; yo pude verlos a tiempo y salvarme, estoy tratando de
advertir a los que vienen detrás”
¿Sabes que, en las manos de este hombre
empapado, estaba la vida del conductor que se acercaba? Entonces pregunto, ¿es
esto un favor o una acción responsable?
Ezequiel 3:18-19 Si tú no le hablas al
malvado ni le haces ver su mala conducta, para que siga viviendo, ese malvado
morirá por causa de su pecado, pero yo te pediré cuentas de su muerte. En
cambio, si tú se lo adviertes, y él no se arrepiente de su maldad ni de su mala
conducta, morirá por causa de su pecado, pero tú habrás salvado tu vida.
Si Ezequiel, el profeta, no advirtiera
del peligro de condenación al malvado, al que está haciendo las cosas mal, éste
moriría; así que podemos decir que, la vida de este hombre estaría en las manos
del profeta, entonces, es cuestión de responsabilidad advertir del
peligro, amonestar por la mala conducta, en ello se enfocó el Ministerio de
Ezequiel, en advertir sobre la responsabilidad individual.
La obediencia o desobediencia a la Escritura, es una cuestión de vida o muerte, además, de una decisión netamente personal.
Ninguno debe suponer que la ignorancia, así ésta se deba a la negligencia de
los predicadores, le será una excusa para librarle del castigo divino.
Sin embargo, el profeta que es negligente en
su deber de proclamar el mensaje que amonesta y advierte, a los ojos de
Dios se convierte en homicida tan pronto esa persona muere, así que es seria la
responsabilidad de quién proclama la Palabra de Dios.
Ahora, tú tendrías tus propios motivos para
amonestar al pueblo, ¿verdad? pero es amonestar de parte de Dios, ser sólo, Su
portavoz.
También es bueno aclarar, si predicas o enseñas, que no serás responsable del pecado de los demás, sino de no advertirles para que se arrepientan y corrijan la conducta. Mira que muchas veces, por temor o no queriendo incomodar a los recién llegados, obviamos verdades, nos quedamos callados, más según la asignación divina, tu trabajo ministerial consiste en el dulce privilegio de predicar o enseñar la Escritura con responsabilidad y cada quien podrá decidir si aplica o no, las verdades expuestas. Lo cierto es que...
La conversión de otros depende de tu fidelidad al predicar el Evangelio.
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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní


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