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sábado, 9 de agosto de 2025

SI DESEAS SALVARLE…. TIENES QUE AMARLE

 ¿Sabes del chico que donó su sangre a su hermanita?

Se cuenta de una niña que sufría de una extraña enfermedad y al parecer, su única oportunidad de recuperarse era una transfusión de sangre de su hermanito, apenas adolescente, quien había sobrevivido milagrosamente a la misma enfermedad desarrollando los anticuerpos necesarios para vencerla. El doctor le explicó la situación al chico y le preguntó:

–¿Estarías dispuesto a permitir la transfusión directa de tu sangre a tu hermanita?

Tras unos segundos de silencio, seguidos por un profundo suspiro, contestó:

        Sí, lo haré, así se salvará mi hermanita…

Y mientras el médico hacía la transfusión, él estaba acostado en una cama junto a la de ella y podía ver cómo regresaba el color a sus mejillas mientras él palidecía… Miró al doctor y le preguntó con voz apagada:

        ¿A qué hora empezaré a morir?

¿Hay alguien que desees que sea salvo? Primero debes amarle…

Tenemos un ejemplo real, ¡Moisés! Amó y deseó tanto salvar del castigo a un pueblo tan difícil como Israel

Éxodo 32:31-32 Volvió entonces Moisés para hablar con el SEÑOR, y le dijo: –Qué pecado tan grande ha cometido este pueblo al hacerse dioses de oro! Sin embargo, yo te ruego que les perdones su pecado. Pero si no vas a perdonarlos, ¡bórrame del libro que has escrito!

Wow… ¿Qué otra frase podría mostrar con tanta intensidad el amor de Moisés hacia su pueblo?

¡Qué amor tan sincero para ofrecer su propia vida, antes que ver al pueblo destruido!

Moisés sabía plenamente que eran culpables del pecado tan terrible de haber fabricado y adorado a un dios de oro y aun que él no tomó parte en dicho pecado, sin embargo, asumió la responsabilidad por las acciones de su pueblo e intercedió por ellos, ofreciendo su propia vida.

Esta es la verdad: “si quieres salvar a un pecador, tienes que empezar por amarle”

¿Alguna vez te ha parecido alguien tan alejado de Cristo, tan adorador de ídolos, tan pecador, tan necesitado de perdón… y, aun así, no has empezado a dar parte del tiempo de tu vida para interceder por su rescate?

Si no amas primero, te será muy difícil orar o clamar con el corazón por la salvación de otros, sólo el amor desarrolla en ti el sentimiento y la determinación para interceder y tocar las puertas del Cielo por la salvación de uno más para Cristo.

Moisés sintió que Israel había pecado tan terriblemente que la sangre de un animal sacrificado no cubriría ese pecado, tenía que ser un hombre quien sufriera en su lugar, Dios rechazó la petición de Moisés, sin embargo, podemos decir que Dios esperaba con ansias el sacrificio de Uno mayor que Moisés, quien se entregaría por el pueblo, trayendo una expiación perfecta y completa.

El amor nos hace ver a los demás, no como culpables a los que se debe azotar o llevar a la pena capital o a la destitución familiar, sino como personas a las que debes anhelar para el Cielo. Comparte el sentimiento del Padre, da de buena gana, de tu tiempo, en intercesión, para contribuir a que el Cielo sea llenado de almas rescatadas para Cristo.

Odiamos el pecado, sí, pero amamos a los pecadores.

Juan 15:12-13 Y éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos.



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Raquel Toro

Amanece en Getsemaní

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