¿Te
has dado cuenta que David nunca habló de su victoria sobre Goliat?
Vivimos
en un tiempo de superlativos: el mejor evangelista, el más grande predicador,
el más preeminente teólogo, en fin, una constante ambición por títulos que
destaquen dignidad y posición, y claro, humanamente sería bueno que se nos reconociera
por alguno de ellos, pero… ¿podría ese reconocimiento convertirse en un
obstáculo para que Cristo sea visto en nosotros?
Salmo 18:1-3 ¡Cuánto te amo, SEÑOR, fuerza mía! El SEÑOR es mi
roca, mi amparo, mi libertador; es mi Dios, el peñasco
en que me refugio, es mi escudo, el poder que me salva, ¡mi más alto escondite!
Aparte
de la descripción de la batalla y la victoria –1Samuel
17– no existe registro bíblico en el que David dijera alguna vez: “cuando
vencí a Goliat…” ni como argumento político, ni como defensa ante Saúl, ni
como credencial ante su ejército, no, jamás habló de la victoria que le hizo
famoso: vencer a Goliat.
David no centró su narrativa en su hazaña, aunque esa victoria lo proyectó
públicamente como líder y marcó su destino, sino que su lenguaje constate fue: “El
Señor es mi fuerza, mi roca, mi amparo, el poder que me salva” Su enfoque
no fue su oponente, sino nuestro Dios.
El
Salmo 18 es, sin duda, un Salmo de victoria, allí David describe cómo Dios lo
libró, pero sin mencionar nombres, y eso que enemigos no le faltaron,
familiares, personales, políticos y de las naciones vecinas, sin embargo, su
canto no exalta conquistas humanas sino la intervención divina.
“Tu
historia no es cómo derribaste a tus enemigos sino cómo mi Dios te ha
sostenido”
La
madurez espiritual se evidencia cuando dejamos de contar nuestras hazañas para
comenzar a proclamar la fidelidad de Dios.
El
corazón de David rebosaba de amor y agradecimiento hacia el Señor, y usa metáforas
que expresan el consuelo que halló: “peñasco en que me refugio, mi escudo,
¡mi más alto escondite!
Son imágenes militares, en defensa y en ataque, que honran al Supremo Capitán de los Ejércitos, el Señor era todo lo que David necesitaba en las duras batallas de su vida.
David
toma su arpa para alabar, elige palabras que expresen toda su seguridad en Dios
y Le alaba; mientras muchos viven con la mente en “su Goliat”, David prefirió
cantar acerca de su Pastor.
Su
afecto entrañable hacia Su Señor alcanza su mayor significado cuando se describe
a sí mismo como “siervo” y no porque él se hubiera otorgado tal título,
sino porque fue Dios quién lo llamó así:
2Samuel 3:18 “Por medio de ti, que eres mi siervo, libraré a mi pueblo Israel del poder de los filisteos y de todos sus enemigos”
He
aquí nuestro significado:
“No
engrandecer nuestras victorias, sino que el Señor sea exaltado y rendirle la
gloria que sólo a Él pertenece”
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