¿Has escuchado esa frase: “algunos nunca
aprenden”?
Se cuenta de dos cazadores que se adentraron en el bosque buscando dantas, cuando regresaron al lugar donde les esperaba el piloto que los llevaría de vuelta, traían seis dantas. Al verlas, el piloto les dijo que el avión sólo podía cargar cuatro, entonces los cazadores protestaron:
–“El avión que usamos el año pasado era exactamente como éste, la
potencia era la misma, el tiempo era similar… y teníamos seis dantas”
Ante su insistencia, el piloto aceptó a regañadientes, así que cargaron
todo en el avión y despegaron. Sin embargo, el peso era demasiado, la aeronave
no pudo elevarse lo suficiente para salir del valle y terminaron estrellándose.
Después de salir como pudieron de los restos del avión, uno de los
cazadores le preguntó al otro: –¿Sabes dónde estamos?
El otro respondió: –No estoy seguro, pero me parece que estamos a
unos cuatro kilómetros de donde nos estrellamos el año pasado.
Tristemente, muchas veces, repetimos los mismos errores, incluso después
de haber sufrido consecuencias por ellos.
La Escritura nos advierte sobre este peligroso olvido:
Deuteronomio
4:9 ¡Pero tengan cuidado!
Presten atención y no olvíden las cosas que han visto sus ojos, ni las aparten
de su corazón mientras vivan. Cuéntenselas a sus hijos y a sus nietos.
Nuestro Dios sabe cuán frágil puede ser nuestra memoria espiritual, por ejemplo,
si no llevas tus apuntes de peticiones de oración, con facilidad olvidarás las respuestas de Dios; sino testificas de tus tiempos de escasez olvidarás como Su
provisión sobrenatural te cubrió; si no hablas a otros matrimonios te perderás de animarles con la restauración que Dios ya ha hecho en el tuyo o de cuando Su dirección te orientó porque no sabías qué camino tomar.
¿Te abrió Dios un camino en el desierto?
¿Ríos en lugares desolados?
Es
apenas justo que nuestro Dios quiera que hables a otros de las proezas que ya ha
hecho en tu vida.
La buena memoria es una herramienta de la fe, cuando recuerdas,
cuentas o relees lo que Dios ha hecho por ti, las Promesas que has tomado de Su
Palabra, tu corazón se remueve de gratitud y tu fe se acrecienta y afirma.
Moisés se lo recuerdó al pueblo porque igual que ahora, corrían el
riesgo de olvidar, ellos vieron milagros extraordinarios: la liberación de
Egipto, el mar abierto, el maná en el desierto, la voz de Dios en Horeb; sin
embargo, el olvido podría infiltrarse lentamente sobretodo ahora que iban a entrar a la prosperidad de la tierra prometida.
Las verdades de Dios pueden ser guardadas en la mente, pero los
recuerdos y las emociones vividas en tu experiencia con Dios, son verdades que
abrazan tu corazón.
Pero el llamado no termina allí, debes contarlos a cuántas personas Dios te dé la oportunidad de compartirles, la fe de una familia, hasta de una
nación, se fortalece cada vez que escuchan a los hijos de Dios hablar de la
fidelidad del Padre, son semillas de fe que tú estarás sembrando y que, a su
debido tiempo, darán fruto.
Además, cuando cuentas a los que están en tu casa o alrededor tuyo, les estarás enseñando a testificar de Dios, sin miedo.
Tu memoria sobre la fidelidad de Dios es el combustible que mantiene
encendida la llama de la fe, en ti y en todos a los que les cuentas tu
historia.
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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní


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