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lunes, 26 de marzo de 2018

“EL ARGUMENTO DE LA DEFENSA”

Lucas 23:34a –Padre –dijo Jesús, perdónalos, porque no saben lo que hacen.


Ésta es la primera frase desde La cruz en ese día de la crucifixión, es la continuidad de la oración que fue iniciada y se ha sostenido desde el día anterior, ese jueves, en Getsemaní.

¿Quiénes no sabían lo que hacían? ¿El judío que Le traicionó? ¿Los sacerdotes, los sectarios, los Ancianos de la sinagoga, los soldados que fueron por Él, al Huerto? ¿La tropa romana que sin misericordia Le golpeó? ¿Las mujeres que aparentaban dolerse por Él? ¿Los que echaron suertes para repartirse sus ropas? ¿Los que pasaban burlándose, desafiándole, insultándole?

No es sencillamente una frase, es una oración, ¡Una oración de intercesión! Pide perdón al Padre para ellos; nota que no dice: “Yo los perdono” es apenas natural que Jesús Les perdonara; pide perdón para ellos, porque la agresión, la humillación, la ofensa, la barbarie, el cinismo, todo, era una afrenta contra el mismo Creador en la persona de Su Hijo Unigénito.

El Hijo parece ignorar, perder de vista el daño que Le están causando, en Su mente está el insulto que Le están lanzando al Padre en la persona del Hijo. No piensa en Sí mismo, no pide por Él, ni para Él, la oración es por todos los demás; Su entrega es completa, con la mirada puesta en lograr el perdón para “todos” los enemigos de Dios.

¡Oraba por sus más crueles enemigos! No era una oración por enemigos que Le hubieran causado daño antes, o que su daño hubiera sido de mediana importancia, son enemigos criminales, que Le han traído hasta la muerte con la mirada enturbiada por el odio.

Mientras pedía perdón para ellos, las primeras gotas de Su sangre manchaban las manos de los que metían los clavos; cuando el martillo empezaba a salpicarse, Su boca bendita clamaba perdón para ellos; al tiempo que usaba Su voz, las preciosas gotas de sangre salían de Sus manos y Sus pies, intercediendo también por nuestro perdón. Oh, no era una oración sólo por Sus verdugos inmediatos, incluía a Pilato, a Herodes, a los gentiles, ¡a toda la raza humana!

El Justo a favor de los injustos, Oraba, mientras ellos se burlaban de Su Evangelio y Su Reino eterno. Igual continúa sucediendo ahora; presos de ceguera espiritual, miles se entregan a las prácticas de idolatría, participando en actos y ritos ofensivos al Padre y que constituyen una afrenta contra Su gloria.

Isaías 44:9-11 Los que fabrican ídolos no valen nada; inútiles son sus obras más preciadas. Para su propia vergüenza, sus propios testigos no ven ni conocen. ¿Quién modela un dios o funde un ídolo, que no le sirve para nada? Todos sus devotos quedarán avergonzados; ¡simples mortales son los artesanos! Que todos se reúnan y comparezcan; ¡aterrados y avergonzados quedarán todos ellos!

La Cruz en el Calvario es la señal del trono de Gloria que está en el Cielo; estuvo ayer en el monte del dolor y hoy Se encuentra en el lugar más alto, y sigue siendo nuestro “Intercesor” Toda Su intercesión es, como aquella que hizo en el Calvario, no toma ofensas como propias, sino que va al Padre a pedir perdón para nosotros.

Su misericordia al interceder por quienes no merecen esta oración, al contrario, ¡merecedores de  maldición! es más, ni siquiera habían pedido que orara por ellos, sin embargo, oró pidiendo perdón por quienes pusieron todos sus esfuerzos en arrebatar Su vida inocente, la propia oración cuando fue escuchada, fue despreciada o tal vez tema de risas burlonas.

Ante la evidente maldad de ellos, no existía algún argumento para su defensa, aún hoy, no existen argumentos para justificar tanta maldad; pero Jesús, como el más destacado de los abogados, inspeccionó las circunstancias, dio una mirada dentro de sus corazones y no halló nada más que oscuridad y ceguera espiritual, y Jesús toma esta ignorancia, esta ceguera nuestra y elabora el argumento de la defensa: ¡Padre, no saben lo que hacen!

Como una piedra arrojada en un lago emitiendo ondas y ondas a su alrededor, hasta cubrirlo, así la oración de nuestro Amado Jesús atrajo salvación a los primeros judíos y sacerdotes, luego una onda más grande atrajo a gentiles y romanos, y hoy, es una onda tan amplia como el mundo entero que atrae a personas del mundo entero.

Hechos 6:7 Y la palabra de Dios se difundía: el número de los discípulos aumentaba considerablemente en Jerusalén, e incluso muchos de los sacerdotes obedecían a la fe.

Mientras haya un pecador en la tierra que deba ser salvado, 
tendremos nuestro Intercesor en el Cielo.



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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní

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