Las
polvorientas calles de Jerusalén hervían de gente, cada persona, cada
judío, tenía sus propias expectativas religiosas de lo que sucedería esa
semana.
Al amanecer
de cada día, los judíos esperaban al Mesías, a su Rey, para ser librados del
yugo romano, ese era su anhelo y entonaban melodías en las que sus corazones expresaban esos
anhelos de libertad.
Éste es un poema hebreo que muestra al Mesías que ellos esperaban:
“Míralos,
Señor, y suscítales un rey, un hijo de David, en el momento que Tú elijas,
Oh Dios,
para que reine en Israel, Tu siervo.
Rodéale de
fuerza para quebrantar a los príncipes injustos,
Para
purificar a Jerusalén de los gentiles que la pisotean destruyéndola.
Para
expulsar con tu justa sabiduría a los pecadores de Tu heredad,
Para quebrar
el orgullo del pecador como vaso de alfarero,
Para
machacar con vara de hierro todo su ser,
Para aniquilar a las naciones impías con la palabra de Su boca,
Para que
ante Su amenaza huyan los gentiles de Su presencia
Y para dejar
convictos a los pecadores con el testimonio de sus corazones”
Con este
tipo de poemas y cánticos, los judíos alentaban sus esperanzas; esperaban a un
rey guerrero que derrotara y destruyera; muchos de éstos ya conocían o por lo
menos, habían oído hablar de Jesús, si hubiesen entendido su tiempo, no habrían
cometido el error de esperar un rey político-militar.
Juan 12:12-13a Al
día siguiente, muchos de los que habían ido a la fiesta se enteraron de que
Jesús se dirigía a Jerusalén; tomaron ramas de palma y salieron a recibirlo…
Del séquito, no hubo nada pomposo, no salieron a Recibirle las autoridades, las personas importantes, sino el común del pueblo: el pobre, el sencillo, gente corriente y hasta iletrada. Tomaron
ramas de palma y salieron a recibirlo porque eran seguidores de Jesús, pero, la
multitud estaba formada por simpatizantes y también por enemigos de Jesús.
Juan 11:56 Andaban
buscando a Jesús, y mientras estaban en el templo comentaban entre sí: ¿Qué les
parece? ¿Acaso no vendrá a la fiesta?
Había un dejo de sarcasmo en las preguntas de éstos, pero Jesús no entró de
incógnito, entró por las puertas de la ciudad, demostró no tener miedo al poder
y a la maldad de Sus enemigos, no se sentía turbado ante los inminentes
acontecimientos. No sólo llegó en público, sino también con rostro sereno, manso y humilde, sentado en un burrito.
El asno es
un animal de paso lento, así, los humildes que quisieran llegar hasta Jesús para
pedir Su favor, lo tendrían al alcance de la mano; en un tiempo como éste, ahora, Jesús
quiere continuar amándonos, sanándonos, restaurándonos, bendiciéndonos… el Rey
no vino a proclamar el día de la venganza de nuestro Dios, sino a pregonar “El año del favor del Señor”.
Aunque
muchos no lo entendieran, se presentó como Rey, Rey de paz, no vino para
destruir, sino para amar; no para condenar, sino para salvar; no por la fuerza
de las armas, sino por la fuerza del amor. ¡El
asno es la montura para la paz, el caballo la montura para la guerra!
Como la paz de aquella noche en Belén, al arrullo de José y María, bajo la mirada del Padre que, movido por Su amor a la humanidad y el deseo de rescatarla, envió a Su Hijo a abrir el camino que nos devolviera de regreso a Él...
Mira... Existe un amor más grande, un amor sacrificial que no podemos entender pero que podemos disfrutar, conquistó nuestros corazones a traves de Su inmenso amor... Celebra Su amor, Su perdón, ¡Su reconciliación con nosotros es el verdadero sentido de la vida cristiana!
-¡Hosanna! -¡Bendito el que viene en el
nombre del Señor! -¡Bendito el Rey de Israel!
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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní


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