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martes, 17 de abril de 2018

“SANANDO A UNA SUEGRA”

Mateo 8:14-15 Cuando Jesús entró en casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Le tocó la mano y la fiebre se le quitó; luego ella se levantó y comenzó a servirle.


Tenemos el tercer milagro en el libro de Mateo; si había algo peor que ser un leproso -aunque fuera judío-, era ser un gentil al servicio romano pero algo todavía más grave, era ser mujer aunque fuera judía.

Había tres tipos de fiebre en Palestina: la fiebre de Malta, que se caracterizaba por debilidad, anemia y agotamiento, duraba meses y con frecuencia terminaba en muerte; la fiebre intermitente, un tipo de fiebre tifoidea; y sobre todo, estaba la malaria, en Capernaúm la malaria era muy común, iba acompañada de ictericia y jaqueca, y dejaba al enfermo en situación desoladora.

Marcos 1:29-31 Tan pronto como salieron de la sinagoga, Jesús fue con *Jacobo y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y en seguida se lo dijeron a Jesús. Él se le acercó, la tomó de la mano y la ayudó a levantarse. Entonces se le quitó la fiebre y se puso a servirles.

Jesús llega de la sinagoga, es sábado, allí había enseñado, liberado un hombre poseído por el demonio, había soportado a los fariseos y demás sectarios, camino a casa había sanado al siervo del centurión y muchos más milagros que La Escritura no relata; no cabe duda, ¡está cansado! llega a descansar a la casa de Pedro y encuentra a esta mujer enferma.

Seis personas dentro del hogar, la esposa de Pedro que también estaría allí, se menciona en otras partes de la Escritura acompañando a su esposo; aunque no se le llame por su nombre, ella hizo aportes importantes al ministerio de su esposo y a la Iglesia Primitiva; los historiadores Clemente de Alejandría y Eusebio de Cesarea en, “Historia Eclesiástica”, relatan que Pedro junto con su esposa formaron parte de los mártires sacrificados por Nerón.

Aquí no hubo publicidad, ni una multitud que se maravillara, es un milagro dentro de la intimidad del hogar; Jesús, a pesar de la fatiga, atiende la necesidad de ella y la petición hecha por la familia:

Lucas 4:38-39 Cuando Jesús salió de la sinagoga, se fue a casa de Simón, cuya suegra estaba enferma con una fiebre muy alta. Le pidieron a Jesús que la ayudara, así que se inclinó sobre ella y reprendió a la fiebre, la cual se le quitó. Ella se levantó en seguida y se puso a servirles.

¡La valoración del médico! "Tiene una fiebre muy alta", su ojo atento a la enfermedad y también al procedimiento usado por el Médico Divino; “reprendió a la fiebre” ¡Ella fue sanada de manera inmediata! Si alguien, frente a estas cosas, puede negar que Jesús sea el Hijo de Dios, no es porque no haya evidencia, es porque hay ceguera en su corazón.

Con seguridad era una mujer de edad avanzada, pero esto no es obstáculo para ser respetada y atendida con cariño como debe ser con todos los ancianos. Cuando la fiebre desaparece, aunque habitualmente dejara muy debilitada a la persona, sin embargo, ella se levanta a servir inmediatamente, a Jesús y a su familia.

Al ponerse al servicio del Señor, aquella mujer sólo está empleando para Él, 
la salud y la fuerza que Él mismo le ha devuelto.



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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní

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