Mateo 8:14-15 Cuando
Jesús entró en casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Le
tocó la mano y la fiebre se le quitó; luego ella se levantó y comenzó a
servirle.
Tenemos el tercer milagro en el libro de Mateo; si había algo peor que ser un leproso
-aunque fuera judío-, era ser un gentil al servicio romano pero algo todavía más
grave, era ser mujer aunque fuera judía.
Había
tres tipos de fiebre en Palestina: la fiebre de Malta, que se
caracterizaba por debilidad, anemia y agotamiento, duraba meses y con
frecuencia terminaba en muerte; la fiebre intermitente, un tipo
de fiebre tifoidea; y sobre todo, estaba la malaria, en Capernaúm la malaria era muy común, iba acompañada de ictericia y jaqueca, y dejaba
al enfermo en situación desoladora.
Marcos 1:29-31 Tan
pronto como salieron de la sinagoga, Jesús fue con *Jacobo y Juan a casa de
Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y en seguida se
lo dijeron a Jesús. Él se le acercó, la tomó de la mano y la ayudó a
levantarse. Entonces se le quitó la fiebre y se puso a servirles.
Jesús
llega de la sinagoga, es sábado, allí había enseñado, liberado un hombre poseído
por el demonio, había soportado a los fariseos y demás sectarios, camino a casa
había sanado al siervo del centurión y muchos más
milagros que La Escritura no relata; no cabe duda, ¡está cansado! llega a descansar
a la casa de Pedro y encuentra a esta mujer enferma.
Seis
personas dentro del hogar, la esposa de Pedro que también estaría
allí, se menciona en otras partes de la Escritura acompañando a su esposo; aunque
no se le llame por su nombre, ella hizo aportes importantes al ministerio de su
esposo y a la Iglesia Primitiva; los historiadores Clemente de Alejandría y
Eusebio de Cesarea en, “Historia Eclesiástica”, relatan que Pedro junto con
su esposa formaron parte de los mártires sacrificados por Nerón.
Aquí
no hubo publicidad, ni una multitud que se maravillara, es un milagro dentro de
la intimidad del hogar; Jesús, a pesar de la fatiga, atiende la necesidad de ella y
la petición hecha por la familia:
Lucas 4:38-39 Cuando Jesús salió de la sinagoga, se fue a casa de Simón, cuya suegra
estaba enferma con una fiebre muy alta. Le pidieron a Jesús que la ayudara, así
que se inclinó sobre ella y reprendió a la fiebre, la cual se le quitó. Ella se
levantó en seguida y se puso a servirles.
¡La
valoración del médico! "Tiene una fiebre muy alta", su ojo atento a la enfermedad
y también al procedimiento usado por el Médico Divino; “reprendió a la fiebre” ¡Ella fue sanada de manera inmediata! Si alguien, frente a estas cosas, puede negar que Jesús sea el Hijo de Dios, no es porque no haya evidencia, es porque hay ceguera en su corazón.
Con seguridad era una mujer de edad avanzada, pero esto no es obstáculo para ser respetada y atendida con cariño como debe ser con todos los ancianos. Cuando la fiebre desaparece, aunque habitualmente dejara muy debilitada a la persona, sin embargo, ella se levanta a servir inmediatamente, a Jesús y a su familia.
Al ponerse al servicio del Señor,
aquella mujer sólo está empleando para Él,
la salud y la fuerza que Él mismo le
ha devuelto.
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