Como una fiera salvaje había sido acorralado, obligado a entrar en una cueva oscura y húmeda, tan sombría como su futuro; arrinconado en su soledad con los recuerdos del pasado: ¡las victorias de antaño!
¿Cómo perdió su cayado de pastor? ¿Ese tiempo
precioso cuando tocaba su arpa en compañía de sus queridas ovejas? Ese último día cuando las recomendó a alguien, no pensó que no regresaría, apenas había
llevado consigo su arpa, su honda, aquellas cinco piedras, una de ellas, el
instrumento de la victoria. ¡Cómo le había respaldado el Dios de Israel en el
valle de Elá, el valle de la victoria sobre Goliat!
Ahora, a tientas, sus manos lo guían sobre las frías paredes de la cueva mientras su visión se va
acomodando a la oscuridad; resuenan en su cabeza los gritos de gloria, tuvo la victoria en todas
sus expediciones porque, ¡El SEÑOR estaba con él! Todo encargo que recibía de Saúl, lo cumplía con éxito, ¿Cómo perdió su posición en la corte? ¿Su autoridad sobre el ejército de Israel?
¿También perdió a Mical? Ella fue el trofeo por
su derrota sobre los filisteos, ahora abrumado por todo lo que ha pasado, se
pregunta, en realidad, Mical, ¿le ayudó o se deshizo de él? ¡Nadie es
confiable! su realidad es que, está totalmente solo.
Bueno, sí
hubo alguien confiable, sonríe tristemente, ¡perdió también a su amigo Jonatán! fue
una despedida dolorosa y forzada, su único y leal amigo, aun cuando Jonathan sabía que,
según el profeta Samuel, no recibiría la corona sino que pasaría al “Dulce cantor de Israel”
¡Hasta la propia valía ha perdido! Qué
manera más vergonzosa de salir del palacio de Aquis, ¡fingirse loco y en
público! sus manos de guerrero, haciendo garabatos en las puertas, mientras que
en su boca, en otrora, voz de mando militar, ahora dejaba que la saliva le
escurriera por la barba.
Los recuerdos dolorosos, el abandono, la nostalgia convertida en depresión, la
amenaza de muerte acechando a la salida de la cueva, el vacío que produce el desamparo y el olvido de todos. Ayer, un feliz
matrimonio, luego la separación inminente; el regocijo de los
hijos alegrando el hogar, ahora distantes; ¡qué buenos fueron los tiempos de bonanza!, ahora son sólo
eso, recuerdos, relaciones rotas y acabadas.
Una cueva es una alternativa
obligada, un tiempo de soledad para recordar, llorar y sentir pesar por sí mismo;
una opción por no poder enfrentar las circunstancias; muchos deben
saber que te has encerrado en tu propio dolor, ¡pero saber es diferente de entender!
Salmo 142:1-2 A
voz en cuello, al SEÑOR le pido ayuda; a voz en cuello, al SEÑOR le pido
compasión. Ante él expongo mis quejas; ante él expreso mis angustias.
Se necesitan estas crisis para “clamar a voz
en cuello” Sorprendentemente lo que para David, es una opción de
escape, para Jesús es, un refugio en el que puedes abrazarte a Él, confiarle tu dolor y tu queja, ¡expresarle tus
sentimientos de angustia es el primer paso a la recuperación!
David, no quiere descargar sus manos contra el rey Saúl, por eso, las extiende hacia
Dios en adoración; éste es el momento propicio para volverse a Jesús en oración y
dejar salir toda ansiedad o frustración.
Salmo 142:3-4 Cuando ya no me queda aliento, tú me muestras el camino. Por la senda
que transito algunos me han tendido una trampa. Mira mi derecha, y ve: nadie me
tiende la mano. No tengo dónde refugiarme; por mí nadie se preocupa.
Aun cuando puedas
ver en rededor y encontrarte “totalmente” solo, Dios en Su fidelidad perfecta está contigo; quizá no Le buscaste cuando las cosas iban bien,
cuando los gritos de victoria silenciaban La voz del Que ama tu alma.
Salmo 142:5-6 A ti, SEÑOR, te pido ayuda; a ti te digo: “Tú eres mi refugio, mi
porción en la tierra de los vivientes.” Atiende a mi clamor, porque me siento
muy débil; líbrame de mis perseguidores, porque son más fuertes que yo.
Con toda
certeza, el Señor es tu ayuda, tu refugio seguro, tu amparo y tu fortaleza; son
buenos estos tiempos de dolor, sin
ellos no podríamos volvernos a nuestro Dios.
Salmo 142:7 Sácame
de la prisión, para que alabe yo tu nombre. Los justos se reunirán en torno mío
por la bondad que me has mostrado.
Toda
circunstancia dolorosa tiene un propósito y no es precisamente el de hacerte
sufrir sino encaminar tus pasos hacia Jesús. David sabe que Jesús le sacará de su encierro
con un propósito, ¿cuál ha de ser? ¡Conocerle y alabar Su nombre!
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