Mateo 20:20-22 Entonces la madre de *Jacobo
y Juan, junto con ellos, se acercó a Jesús y, arrodillándose, le pidió un
favor. –¿Qué quieres?– le preguntó Jesús. –Ordena que en tu reino uno de estos
dos hijos míos se siente a tu *derecha y el otro a tu izquierda. –No saben lo
que están pidiendo –les replicó Jesús–. ¿Pueden
acaso beber el trago amargo de la copa que yo voy a beber?
Al
parecer, esta buena mamá, –como la gran mayoría– y debido a su excesivo amor por sus hijos y
creyéndolos mejores que el resto del grupo de discípulos, llega hasta Jesús
para asegurar un lugar importante para ellos: ¡El uno a la derecha y el otro a
la izquierda!
Pero
no podemos detenernos sólo en la actitud de la mamá, pues en la respuesta que
dan a Jesús: “–Sí, podemos” vemos
que ¡son ellos quienes contestan,
no su mamá! ¿Conocían de antemano la petición que su mamá iba a hacer por ellos? ¿Ya habían
hablado al respecto? ¿Acordaron que fuera la mamá la que hiciera tal petición?
Es muy probable...
El
espíritu que reclama una posición o un lugar destacado es precisamente el
espíritu que dista mucho de ser humilde y, es sorprendente que fueran
precisamente estos dos apóstoles quienes adoptaran esta posición sabiendo que,
su Señor y Maestro jamás buscó títulos ni lugares para Él mismo, por el
contrario, ¡No vino a ocupar un trono, sino una cruz!
¿Había
ambición en los discípulos? ¡Sí! Pensaban en términos de recompensas, renombre
y distinciones personales; querían que Jesús, por decreto real, les asegurara un
puesto de honor; la verdadera grandeza reside,
no en dominar, sino en servir; no en pedir, sino en darse a los demás.
¿Cuándo
se hizo esta petición? ¡Luego que Jesús predijo nuevamente Su inminente muerte
en La cruz! la sinceridad de los detalles que les describió, no los llevó a
pensar en la magnitud de la tragedia que se venía, sino en cómo conseguir un
lugar de privilegio dentro del Reino.
A
pesar de la ambición de gloria, que se hizo evidente y, antes de caer en el
error farisaico y apresurarnos a condenar, valdría la pena destacar, ¡La lealtad de los apóstoles! Aun cuando
el Señor les había dicho con toda claridad la cercanía de su muerte y el trago amargo de la copa, nunca se les
ocurrió volver la espalda o huir, estaban decididos a beber la copa; si
reinar con Cristo, incluía sufrir con Cristo, estaban dispuestos a sufrir, aun
cuando no tenían ni idea de lo que significaba ese sufrimiento.
Mira que en
la actitud cristiana, aun cuando las cosas pinten mal o bien,
siempre debe haber esta fidelidad invencible; sería fácil condenar a Jacobo y Juan, pero su lealtad no puede ser
olvidada.
Mateo 20:23a –Sí, podemos. –Ciertamente
beberán de mi copa, –les dijo Jesús-,
Santiago fue el primero en beber la copa del martirio; para Juan, su copa fue
la constante lucha de la vida cristiana hasta llegar a una ancianidad de casi
cien años.
La
copa en la vida cristiana, no siempre quiere decir la lucha agonizante del
martirio; puede muy bien ser la larga rutina de la vida con todos sus sacrificios
cotidianos, su lucha diaria, sus quebrantos y lágrimas; puede que tengan que beber
su copa en un gran momento o a lo largo de toda una vida.
Bebe tu copa:
sigue a Cristo donde quiera que Él te guíe y sé como Él,
en toda situación
que la vida te presente.
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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní


Así es ... Amén
ResponderBorrarAtte Jhon f
Amén, Jhon, Dios te bendiga!
BorrarAmén,gracias Raquelita. ¡Ambición!, uno de los anzuelos con que Satanás quiso hacer caer en pecado a nuestro Señor Jesucristo. Pudiendo existir otros propósitos de parte de nuestro Padre Celestial para cuidar nuestra alma de pecar contra Él, salta muy a la vista el de protegernos de este flagelo espiritual, que de manera tan sutil puede permear nuestra fe.
ResponderBorrarAmén! gracias Edguitar, Bendiciones!
BorrarAmén, más q buscar posición o reconocimiento, buscar permanecer en todo tiempo junto al Maestro. Gracias Pas
ResponderBorrarAmén, ¡Bendiciones!
BorrarCon cristo estamos juntamente crucificados
ResponderBorrarAmén. ¡Bendiciones!
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