¿Recuerdas qué es el pedernal?
No
es un mineral, es una roca cuyo componente principal es el cuarzo, su color
puede ir desde el blanco hasta el negro, siendo el más común, el marrón; esta
roca es de forma curva y tiene filos muy cortantes. La principal característica
es su dureza y su resistencia, precisamente por esto, se usó en la Edad de
Piedra para la elaboración de herramientas cortantes.
Posteriormente
se empleó en las primeras armas de fuego, para iniciar la combustión de la
pólvora; esta aplicación continúa en los encendedores, aunque ahora, se ha
sustituido el pedernal por barritas de ferrocerio.
Isaías 50:7 Por cuanto el SEÑOR
omnipotente me ayuda, no seré humillado. Por eso endurecí mi rostro como el
pedernal, y sé que no seré avergonzado.
Tan seguro estaba el Señor Jesús de la ayuda de Dios, Su Padre, que determinó todo su ser con la resolución de mantenerse absolutamente firme en medio de los sufrimientos extremos, que Él ya sabía que tendría que afrontar.
La
demostración de esta determinación queda establecida por el símil que Él usa, “como el pedernal” así, nos hace ver de
qué valentía era Su resolución de proseguir hasta la Cruz.
Resistiría
las increíbles acciones humanas, como resiste el pedernal el paso del tiempo
inclemente; resistiría la euforia cambiante de la multitud que transforma la
aclamación en sentencia; resistiría el complot de Su pueblo y la ejecución a
manos de extraños.
Aquella,
su noche más angustiosa, en esa última comida con sus amigos, la toalla lo ceñía
como Siervo y lavó la suciedad de las calles de Jerusalén pegada a los pies de
Sus discípulos, quién lo creyera, así estaba llegando a la cúspide de Su
Ministerio, ante la mirada atónita de los doce hombres que estaban siendo
lavados y que más tarde Le abandonarían.
Resistiría
la traición, esa noche sería dado a conocer a las generaciones el nombre del
traidor más famoso de todos los tiempos; pero Judas no fue el primero, ni será
el último en traicionar al Salvador; también resistirá la negación, el
abandono; allí en la soledad de Su cruz, seguirá amándoles y en Sus últimas
Palabras, pedirá a Su Padre, perdón para la humanidad.
Finalmente,
tal y como lo dijera en Isaías, el Siervo sería enaltecido, honrado; la
aparente derrota a manos de los hombres, se convertiría en la más grande
exaltación, porque Su Padre omnipotente no permitiría que el Hijo fuera
humillado; aunque la ceguera, la pecaminosidad, pudieron mofarse
momentáneamente, amanecería el albor de una mañana de gracia para la humanidad.
Mira, Jesús es el estándar de valor y firmeza excepcional, el ejemplo de amor y valentía a seguir, recuerda, siempre, siempre existe un nuevo amanecer en Cristo.
¿Deseas apoyarnos financieramente?
Puedes ofrendar con el siguiente enlace o QR desde Nequi:
Raquel Toro
Amanece en Getsemaní


No hay comentarios.:
Publicar un comentario