¿Has oído hablar del método Montessori?
Su vida y
todo su trabajo de investigación se centró en la situación de niños que vivían
en riesgo social, en asilos, incluso los llamados “niños difíciles de educar”
La
Metodología Montessori basa su sistema en el respeto por los niños, en su
enorme capacidad de aprender, en la libertad con límites y en desarrollar independencia
personal.
Entre
muchas características, Montessori creó la clasificación de grupos según sus
edades; la adaptación de un microcosmos como muebles y entorno apropiado al
tamaño de ellos y, diseñó una escala de períodos progresivos según su
desarrollo.
Su libro “El
método Montessori” se publicó en 1912, el mismo año en que Alexander Graham
Bell, le invita a Norteamérica y abren la primera “Casa de los Niños” en
Estados Unidos.
Hechos 8:30-31 Felipe se acercó de prisa al carro y, al oír que el hombre
leía al profeta Isaías, le preguntó: – ¿acaso entiende usted lo que está
leyendo? –¿Y cómo voy a entenderlo –contestó– si nadie me lo explica?
Hummm….
Una buena pregunta, ¡alguien tiene que explicarte!
Más allá
del maestro cristiano como el creyente que tiene habilidades pedagógicas, dadas
por el Espíritu de Dios, para convertirse en instrumento eficaz de la enseñanza
del Evangelio, mucho más allá, es un hombre o una mujer con una misión que da vida.
Dichosos
los que, al abrir los ojos en la mañana, pueden decir: “Tengo una misión, una
misión que transforma, que influye de manera directa el carácter y el futuro de quiénes hoy tendrán
contacto conmigo”
El maestro del Evangelio es el
ejemplo vivo de aquello que está enseñando, encarna las verdades de la Escritura;
tú has sido equipado, equipada, con la capacidad de dar la luz necesaria para acercar
a otros a Cristo, tu radio de influencia no es un áula, una plataforma o un grupo
de personas, no, tu radio de influencia son vidas enteras y hasta generaciones.
El ambiente es ideal cuando los aprendices creen en su maestro, pero este ambiente se torna aún más propicio, cuando el maestro cree en ellos; y si ambas situaciones se dan, el resultado es confianza y crecimiento.
¡La confianza es el pegamento emocional que mantiene
unidos al maestro y sus aprendices!
¿Sabes qué te da la capacidad
para hacer cosas inusuales como estudiar y estudiar las Escrituras? Como, ¿analizar
comentarios y profundizar hasta extraer las perlas? ¡El poder de tu llamado a
enseñar! ¿Qué te da la fuerza para marcar la diferencia entre tus hermanos? ¡El
fuego del Espíritu de Dios que arde por el deseo de enseñar el Evangelio! Y cuando
llegas a ser uno, con tu misión, llegas a ser uno con el Maestro de maestros.
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