Un reconocido pianista dio un gran concierto y en la recepción que se hizo, luego de su recital…
Una mujer se acercó y le dijo: –“¡Daría
cualquier cosa por poder tocar el piano como usted!”
El pianista respondió: –“No,
no lo haría”
La mujer le miró sorprendida, el
pianista le explicó:
–“Probablemente no ensayaría
durante quince horas al día, siete días a la semana.
No ensayaría hasta que sus manos se quedaran rígidas y doloridas.
No renunciaría a tener vida social por estar de camino a un recital, la
mayoría del tiempo”
Humm…
La mujer consideró las respuestas del pianista y se dio cuenta de que no estaba
dispuesta a hacer semejante inversión.
¿Sabes
por qué ella no estuvo dispuesta a hacer esa inversión? Porque ser concertista no era su talento, ni
su don, ni siquiera su habilidad.
El
conocido italiano, Leo Buscaglia, afirmó: “Su talento es el don de Dios para
usted. Lo que haga con él, será el regalo que usted le devuelva a Dios”
La
expectativa de Dios, no es sólo que uses las habilidades, dones y talentos, que
puso en ti, sino que lo hagas con la mayor excelencia, hasta que llegues a ser
reconocido por esa forma en que el Señor, te equipó.
Como
todos hemos sido dotados, equipados, necesitas un lugar, una comunidad o
un entorno para engranar y desarrollar tus habilidades, talentos y dones. Entre
más hayas sido equipado, con mayor razón necesitas ese lugar de expresión.
Daniel 1:4 Debían ser jóvenes apuestos y sin ningún defecto físico, que tuvieran
aptitudes para aprender de todo y que actuaran con sensatez; jóvenes sabios y
aptos para el servicio en el palacio real, a los cuales Aspenaz debía
enseñarles la lengua y la literatura de los babilonios.
Aptitudes,
¡habilidades para aprender! a fin de que pudieran ser llenos del conocimiento
requerido para desempeñarse en diferentes roles en el Palacio. Humm…
tener el talento no es suficiente, se requiere que profundices en su
conocimiento para usarlo con excelencia.
Seguido
de esto, que actúen con sensatez, con buen juicio, ¡prudentes!
Brillantes en sabiduría y obras, como en efecto quedó demostrado. Según la
tradición rabínica, a Daniel se le honraba, diciendo: "Si Daniel estuviera
en un platillo de la balanza y todos los sabios de los gentiles en el otro; Daniel
sería más pesado que todos ellos"
¿Y…
todo ello apuntado a qué? ¡Para el servicio!
El
entorno de Daniel podía ser tremendamente desfavorable para servir y
demostrar su fe, recuerda:
“No fue el cautiverio el
que puso a prueba la integridad de Daniel, fue el privilegio: Instrucción
privilegiada para posiciones privilegiadas”
Dime…
¿Qué haces con el conocimiento privilegiado que tienes de nuestro Dios Amado? ¿Qué haces con tu conocimiento privilegiado sobre la Escritura?
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