Etiquetas

lunes, 12 de mayo de 2025

“GETSEMANÍ”

Lucas 22:39 Jesús salió de la ciudad y, como de costumbre, se dirigió al monte de los Olivos, y sus discípulos lo siguieron.

Jerusalén estaba situada en la cima de una montaña, no había en ella, lugar para espacios abiertos, ni jardines de tamaño considerable, todos los metros cuadrados eran valiosos para la construcción, precisamente por ello, los ciudadanos ricos tenían sus jardines privados en las laderas del Monte de los Olivos.

Este monte tiene el privilegio de brindar la mejor vista panorámica hacia Jerusalén, La Escritura nos permite imaginar que muchas veces, Jesús debió quedarse mirando hacia la ciudad mientras anhelaba que fuera sensible a Su amor perdonador, pero no fue así.

¿Sabes de los amigos anónimos que tuvo Jesús en Sus últimos días? Aquel que le prestó el asno que nadie había montado para hacer Su entrada en Jerusalén; el que le prestó el aposento alto en el que celebró la Última Cena; también aquel que fue a reclamar Su cuerpo luego de morir y le dio sepultura en una tumba de su propiedad, y ahora, tenemos al que le prestó su huerto en el monte de los olivos y entonces, Jesús podía entrar en él, cada vez que quisiera. En ese desierto de odio, todavía había oasis de amor y de servicio para el Señor.

Los israelíes, con su profundo sentido histórico, han conservado un Olivo de más dos mil años de edad. Quienes han tenido la fortuna de visitarlo dicen que, a cierta distancia, junto al cerco protector del milenario árbol, hay una especie de experiencia mística que ocasiona sollozos y lágrimas, al pensar que ese viejo olivo fue un testigo vegetal, inconsciente pero real, del sufrimiento de nuestro Redentor en la noche de Su agonía. 

El fruto del olivo son las aceitunas, y las aceitunas producen el preciado aceite de olivas, que no sólo tiene tan excelentes efectos sobre la salud, sino que es un rico simbolismo espiritual para judíos y cristianos.

¿De qué es símbolo? ¡Del Espíritu Santo! ¡El Divino productor del aceite de la unción! No es una casualidad que los olivos estén allí en ese lugar de oración de Jesús, como si fuesen la representación gráfica de La presencia del E.S. en medio de Su oración.

En Levítico, cada mañana el sacerdote ponía más leña sobre el altar, a fin de que siempre estuviese el fuego encendido. Así, Nuestro Gran Sumo sacerdote, fluye en el fuego del Espíritu, en los amaneceres en Getsemaní, saturándose de la Presencia del Padre, te diré… que La Presencia del E. S. en la oración, es indispensable.

¿Sabes que cuando Jesús regrese, pondrá su pie nuevamente en el Monte de los Olivos, en Getsemaní?

Zacarías 14:4 “En aquel día pondrá el SEÑOR sus pies en el monte de los Olivos, que se encuentra al este de Jerusalén, y el monte de los Olivos se partirá en dos de este a oeste, y formará un gran valle, con una mitad del monte desplazándose al norte y la otra mitad al sur.

Cuánto amó el Señor Jesús ese lugar, en el que podía comunicarse íntimamente con Su Padre… Dime... ¿Tú tienes tu lugar habitual de oración? En el que sólo al entrar en él, en cada amanecer, puedes, en medio de tu oración, entrar en esa comunicación íntima con tu Padre, ¿en La presencia de Su Santo Espíritu?


¿Deseas apoyarnos financieramente? 

Puedes ofrendar con el siguiente enlace o QR desde Nequi:

Raquel Toro

Amanece en Getsemaní

No hay comentarios.:

Publicar un comentario