¿Qué te es más fácil, conocer a Dios o
confiar en Él?
Job 3:25 Lo que más temía, me sobrevino; lo que más me asustaba, me sucedió.
En su búsqueda por comprender las calamidades que sorpresivamente se le
habían venido encima, Job lleva a cabo la lucha que todos los seres humanos
libramos con el miedo, la ansiedad y la angustia, emociones tan propias de
nuestra naturaleza.
Recordemos un poco a Job cuando era próspero y vivía tranquilamente, él
amaba a Dios, como se ve más adelante en el desarrollo de los capítulos, su
amor por Dios no dependía de su prosperidad; tampoco vivía temeroso ni
asustado, así que la aflicción no le sobrevino porque viviera sobresaltado en
medio de su riqueza, no, el temor del que se habla aquí no se refiere al curso normal de la vida de Job.
Nota que cuando llegaron sus calamidades, le sobrevinieron como una
cadena de sucesos sin darle tiempo a reponerse; tras una desgracia llegaba la
siguiente; no era sólo la magnitud de sus pérdidas sino la rapidez con que
sucedían, haciéndose mucho más difíciles de soportar.
Cuando le arrebataron sus bueyes y asnos y mataron a sus criados, naturalmente sintió temor de perder el resto; y cuando enseguida, fueron calcinadas por un rayo
sus ovejas y más criados, se alarmó por los demás rebaños y, cuando seguidamente le robaron sus camellos y asesinaron a más criados, el temor por lo que le quedaba
y por la vida, naturalmente, se apoderó de Job, como sucedería con cualquier
ser humano.
Cuando le avisaron de la muerte de sus hijos, Job debió derrumbarse igual que sucedería con todo papá, y cómo tú lo puedes imaginar, pisó fondo en sus temores.
Es apenas natural que, aunque hayas vivido tranquilo, si te llegan
amenazas financieras, sientas temor por tus recursos o, si llega la enfermedad,
sientas temor por tu vida o por la vida de quien está enfermo; si sucede un
desastre natural es apenas lógico sentir temor por tu seguridad, y si un
siniestro nos enluta, claro que nos preocupamos por los seres amados
que quedan.
Así, el corazón desarrolla una
hipersensibilidad al temor, naturalmente Job se encontraba temeroso y
desconcertado en medio de la adversidad, tú sabes que si regresara una
pandemia universal, temeríamos por todo y por todos.
Esta confrontación con el miedo sirve como un crudo recordatorio de
que, incluso en tiempos devastadores, la única forma de lidiar con la realidad
de las circunstancias sin dejarnos llevar por la angustia o el pánico, siempre
está en Dios:
Job 13:3 Más bien quisiera hablar con
el Todopoderoso; me gustaría discutir mi caso con Dios.
Sí, es más difícil confiar y peor aún porque en medio de la adversidad tendemos más, a cuestionar a Dios y menos a confiar en Él; dudamos de Su protección paternal y experimentamos sentimientos de abandono.
La oración es el refugio que devuelve o aviva tu confianza en Dios,
aunque sabes que es difícil orar en medio de la angustia porque la
ansiedad y la oración, son dos grandes fuerzas que se oponen entre sí, sin
embargo, es la única forma de trasladar todo el peso que está en tu alma, a las
manos de Dios.
Es natural que priorices tu necesidad de recibir alivio inmediato, pero lo que sí debes priorizar es tu confianza en la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios; más allá de tus experiencias, vence todo temor, susto y angustia, con adoración, tal como lo enseña Job.
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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní

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