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viernes, 5 de diciembre de 2025

¿TE HAS CANSADO DE MÍ?

Miqueas 6:3 “Pueblo mío, ¿qué te he hecho? ¡Dime en qué te he ofendido! 

Nota la tierna pregunta de nuestro Dios.

        ¿Te has cansado del Señor?

        ¿Te has cansado de orar?

        ¿Te has cansado de congregarte?

Mira que cuando quieres abandonar a alguien, dejar un trabajo, escapar de una circunstancia, la frase usada, siempre es: “me cansé”

¿Sabes que, si pudiésemos clasificar nuestro amor hacia Dios, resultarían cuatro grados?

Veamos el primero:

1.     AMAS A DIOS POR AMOR A TI MISMO:

Le amas porque perdonó todos tus pecados, te dio salvación, te adoptó como hijo; quiere decir que, has entendido el sacrificio de la cruz, la salvación por gracia, el nuevo nacimiento, entre otras cosas.

Amas a Dios, pero tus prioridades siguen siendo tus necesidades, tus deseos; y ese amor por ti mismo gobierna tus decisiones, tus ocupaciones, o sea… “en el trono de tu corazón estás tú, no Dios”

Las personas se aman y se sirven primero a sí mismas, nadie ha odiado jamás a su propio cuerpo, al contrario, lo alimenta y lo cuida.

Y... ¿qué harás cuando tus necesidades no sean satisfechas? Entrarás en el segundo grado de amor a Dios:

2.     AMAS A DIOS POR LO QUE DIOS ES:

Cuando empiezas a ver que no puedes subsistir por ti mismo, buscarás a Dios para tu propio beneficio, es decir, amas a Dios, por interés.

Aun así, si las pruebas y las tribulaciones continúan sobreviniendo, ¡Dios te salvará, porque Él es fiel! Conocerás a Dios, en tu propia experiencia: el Dios proveedor, el Dios de paz, de tal modo que, aun los corazones de piedra son ablandados por la gracia del Señor.

Así, amas a Dios ya no solo por tu beneficio sino porque estás comprendiendo Quién es Él. Te importarán las cosas que a Dios le importan, querrás pasar más tiempo con Él, con Su Palabra, entrarás en ese compañerismo del tercer grado de amor a Dios:

3.     AMOR POR SU PRESENCIA:

Ahora saboreas cuán dulce es el Señor y Su Palabra, ¡más dulce que la miel en tu boca! No son tus necesidades físicas las que te llevan a buscarle, sino tu necesidad espiritual.

Pasas a un amor más profundo, genuino, por tu Señor; vienes a Él, una y otra y otra vez, Lo ves en tu día a día, has probado y quieres más de Su presencia. Amándole así, es fácil obedecer Sus mandamientos, servir a Su causa será algo que hagas de forma natural, cuidarás de los demás porque Jesús cuida de ti; dirás como el salmista:

Salmo 103:1 Alaba, alma mía, al SEÑOR; alabe todo mi ser su santo nombre.

Sigues al cuarto grado…

4.     ADORACIÓN, LA ENTREGA TOTAL:

Tus pensamientos, tu voluntad y tus acciones están en perfecta sintonía con Dios.

La oración: “Sea hecha tu voluntad” es tu oración; así como una gota de agua mezclada en vino pierde su identidad al tomar el sabor y color del vino; así como el hierro, al rojo vivo, quema y pierde su apariencia original; así como el aire saturado de la luz del sol se transforma en el mismo esplendor del sol, de tal manera ocurre con aquellos que Le adoran y son transfundidos por el amor de Dios.

En este perfecto amor a Dios, con el corazón, con el alma, con la mente, con las fuerzas, sólo entonces, tu alma podrá asistir completamente a Dios.


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Raquel Toro

Amanece en Getsemaní


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