Miqueas 6:3 “Pueblo mío, ¿qué te he hecho? ¡Dime en qué te he ofendido!
Nota la tierna pregunta de nuestro Dios.
–
¿Te has cansado del Señor?
–
¿Te has cansado de orar?
–
¿Te has cansado de congregarte?
Mira que
cuando quieres abandonar a alguien, dejar un trabajo, escapar de una circunstancia,
la frase usada, siempre es: “me cansé”
¿Sabes
que, si pudiésemos clasificar nuestro amor hacia Dios, resultarían cuatro
grados?
Veamos el
primero:
1. AMAS A DIOS POR AMOR A TI MISMO:
Le amas porque perdonó todos tus pecados, te dio salvación, te adoptó como hijo; quiere decir que, has entendido el sacrificio de la cruz,
la salvación por gracia, el nuevo nacimiento, entre otras cosas.
Amas a Dios, pero tus prioridades siguen siendo tus necesidades, tus
deseos; y ese amor por ti mismo gobierna tus decisiones, tus ocupaciones, o
sea… “en el trono de tu corazón estás tú, no Dios”
Las personas se aman y se sirven primero a sí mismas, nadie ha odiado jamás a su propio cuerpo, al contrario, lo alimenta y
lo cuida.
Y... ¿qué harás cuando tus necesidades no sean satisfechas? Entrarás en
el segundo grado de amor a Dios:
2. AMAS A DIOS POR LO QUE DIOS ES:
Cuando empiezas a ver que no puedes subsistir por ti mismo, buscarás a Dios para tu propio beneficio, es decir, amas a Dios, por interés.
Aun así, si las pruebas y las tribulaciones continúan sobreviniendo, ¡Dios
te salvará, porque Él es fiel! Conocerás a Dios, en tu propia experiencia: el
Dios proveedor, el Dios de paz, de tal modo que, aun los corazones de piedra son
ablandados por la gracia del Señor.
Así, amas a Dios ya no solo por tu beneficio sino porque estás
comprendiendo Quién es Él. Te importarán las cosas que a Dios le importan,
querrás pasar más tiempo con Él, con Su Palabra, entrarás en ese compañerismo del tercer grado de amor a Dios:
3. AMOR POR SU PRESENCIA:
Ahora saboreas cuán dulce es el Señor y Su Palabra, ¡más dulce que la
miel en tu boca! No son tus necesidades físicas las que te llevan a buscarle,
sino tu necesidad espiritual.
Pasas a un amor más profundo, genuino, por tu Señor; vienes
a Él, una y otra y otra vez, Lo ves en tu día a día, has probado y
quieres más de Su presencia. Amándole así, es fácil obedecer Sus mandamientos, servir
a Su causa será algo que hagas de forma natural, cuidarás de los demás
porque Jesús cuida de ti; dirás como el salmista:
Salmo 103:1 Alaba, alma
mía, al SEÑOR; alabe todo mi ser su santo nombre.
Sigues al cuarto grado…
4. ADORACIÓN, LA ENTREGA TOTAL:
Tus pensamientos, tu voluntad y tus acciones están en perfecta sintonía
con Dios.
La oración: “Sea hecha tu voluntad” es tu oración; así como una
gota de agua mezclada en vino pierde su identidad al tomar el sabor y color del
vino; así como el hierro, al rojo vivo, quema y pierde su apariencia
original; así como el aire saturado de la luz del sol se transforma en el mismo
esplendor del sol, de tal manera ocurre con aquellos que Le adoran y son
transfundidos por el amor de Dios.
En este perfecto amor a Dios, con el corazón, con el alma, con la mente,
con las fuerzas, sólo entonces, tu alma podrá asistir completamente a Dios.
Puedes ofrendar desde PayPal en el siguiente enlace o desde Nequi en el
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Gracias por participar en la difusión del evangelio.
Raquel Toro
Amanece en Getsemaní


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