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martes, 20 de enero de 2026

AYUDA ETERNA

Cuando ayudas sienceramente a otra persona, de paso, te ayudas a ti mismo.

Parece que el calificativo de ayudante no le concede a la persona un status estimable, más bien es como que… los ayudantes no estuvieran tan capacitados en la profesión de la persona a la que están ayudando, pero mira, que el rol protagónico, –que sí parece el importante–, casi siempre, puede lograr sus objetivos, gracias a un ayudante que estuvo apoyándole para que la tarea se llevara a feliz término.

El mundo sabe la importancia del rol del ayudante, recuerda por ejemplo a Robin, el ayudante de Batman; al Dr. Watson, ayudante de Sherlock Holmes; a Sancho Panza, el escudero de don Quijote; líderes como el presidente Lincoln, tenía todo un gabinete de ayudantes.

Y qué decir de los ayudantes con repercusión eterna, tenemos muchísimos en la Escritura y en el cristianismo, veamos un ejemplo:

Romanos 16:1-2 Les recomiendo a nuestra hermana Febe, diaconisa de la iglesia de Cencreas. Les pido que la reciban dignamente en el Señor, como conviene hacerlo entre hermanos en la fe; préstenle toda la ayuda que necesite, porque ella ha ayudado a muchas personas, entre las que me cuento yo.

Es el mismo apóstol Pablo quien da referencias de Febe, de su generosidad, exalta la ayuda que él mismo recibió; tal vez pudiera referirse a hospitalidad, apoyo ministerial, financiero, respaldo en oración; con seguridad, Febe siempre estaba dispuesta a realizar el servicio que se requiriera y no sólo para el apóstol, sino que el verso dice que ayudaba a muchas personas.

Podemos intuir que además de solícita en el servicio, Febe era una mujer en la que todos ellos podían confiar, puedes suponer también que, siendo diaconisa de la iglesia, tuvo que ser una buena maestra, fiel a la Palabra de su Señor.

Febe es un ejemplo de servicio humilde pero poderoso, una mujer leal a la que Pablo le encomendó la tarea de llevar la carta a los romanos, que puedes leer en la Escritura; ¡Que rol de liderazgo y apoyo a la iglesia naciente!

Y qué decir de nuestro Ayudador Eterno…

Romanos 8: 26A Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos.

El Espíritu de Dios, siempre dispuesto para ayudarnos a avanzar en la vida diaria, en la oración, en la enseñanza y el aprendizaje, haciéndonos crecer y sustentándonos para ayudar a otros.

Y tú, ¿cómo estás ayudando?

Puedes imitar la ayuda integral de la que Febe dio ejemplo: en el día a día, en la intercesión, en la enseñanza, permitiendo que otros se apoyen en ti para lograr los propósitos de Dios y para que todos juntos compartamos en el Cielo, gracias a la obra de Jesús; así también, tu ayuda tendrá trascendencia eterna.

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Raquel Toro

Amanece en Getsemaní

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