Cuando ayudas sienceramente a otra persona, de paso, te ayudas a ti mismo.
Parece que el calificativo de ayudante no le concede a la persona un status estimable, más bien es como que… los ayudantes no estuvieran tan capacitados en la profesión de la persona a la que están ayudando, pero mira, que el rol protagónico, –que sí parece el importante–, casi siempre, puede lograr sus objetivos, gracias a un ayudante que estuvo apoyándole para que la tarea se llevara a feliz término.
El
mundo sabe la importancia del rol del ayudante, recuerda por ejemplo a Robin,
el ayudante de Batman; al Dr. Watson, ayudante de Sherlock Holmes; a Sancho
Panza, el escudero de don Quijote; líderes como el presidente Lincoln, tenía todo
un gabinete de ayudantes.
Y
qué decir de los ayudantes con repercusión eterna, tenemos muchísimos en
la Escritura y en el cristianismo, veamos un ejemplo:
Romanos 16:1-2 Les recomiendo a nuestra hermana Febe, diaconisa de
la iglesia de Cencreas. Les pido que la reciban dignamente en el Señor, como
conviene hacerlo entre hermanos en la fe; préstenle toda la ayuda que necesite,
porque ella ha ayudado a muchas personas, entre las que me cuento yo.
Es
el mismo apóstol Pablo quien da referencias de Febe, de su generosidad, exalta
la ayuda que él mismo recibió; tal vez pudiera referirse a hospitalidad, apoyo ministerial,
financiero, respaldo en oración; con seguridad, Febe siempre estaba dispuesta a realizar el
servicio que se requiriera y no sólo para el apóstol, sino que el verso dice
que ayudaba a muchas personas.
Podemos
intuir que además de solícita en el servicio, Febe era una mujer en la que todos
ellos podían confiar, puedes suponer también que, siendo diaconisa de la
iglesia, tuvo que ser una buena maestra, fiel a la Palabra de su Señor.
Febe
es un ejemplo de servicio humilde pero poderoso, una mujer leal a la que Pablo
le encomendó la tarea de llevar la carta a los romanos, que puedes leer en la
Escritura; ¡Que rol de liderazgo y apoyo a la iglesia naciente!
Y
qué decir de nuestro Ayudador Eterno…
Romanos 8: 26A Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a
ayudarnos.
El
Espíritu de Dios, siempre dispuesto para ayudarnos a avanzar en la vida
diaria, en la oración, en la enseñanza y el aprendizaje, haciéndonos crecer y
sustentándonos para ayudar a otros.
Y tú,
¿cómo estás ayudando?
Puedes
imitar la ayuda integral de la que Febe dio ejemplo: en el día a
día, en la intercesión, en la enseñanza, permitiendo que otros se apoyen en ti
para lograr los propósitos de Dios y para que todos juntos compartamos en el
Cielo, gracias a la obra de Jesús; así también, tu ayuda tendrá trascendencia
eterna.
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Gracias
por participar en la difusión del evangelio.
Raquel Toro
Amanece en Getsemaní


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