¿Habrás
escuchado la oración del comunicador cristiano?
Líbranos, Señor, de tener la destreza de escribir y nada que decir, de preocuparnos por la suave expresión más que por la cruda verdad, de contar con palabras listas en nuestros labios, pero vocabulario pobre en el alma.
Profundiza nuestro vivir diario
para que nuestras opiniones, impresiones y compartir, surjan del gozo de
conocerte y de atestiguar tu grandeza y majestad.
Oh, Dios, que nos dado el preciado don de la palabra, danos una cosa más, danos el poder y el propósito para usarla sabiamente.
Inunda nuestras mentes y
corazones con la inspiración de tu Espíritu Santo para que escribamos con
dedicación y compasión.
Pule nuestros pensamientos y
purifica nuestras motivaciones hasta que roguemos que venga tu reino.
Y permite que nuestras palabras
fortalezcan y animen.
Oramos en el nombre de
Jesucristo.
*MAI, La aventura de publicar,
pág. 122
Mira que, escribir, más que un
buen hábito, ¡es un llamado! Principalmente, si hablamos de un comunicador
cristiano. El Gran Comunicador, por excelencia, el Señor Jesús, dice:
Juan 17:7-8 Ahora saben que todo lo que me has dado viene de
ti, porque les he entregado las palabras que me diste y ellos las aceptaron;
saben con certeza que salí de ti, y han creído que tú me enviaste.
Al
iniciar los párrafos de un mensaje o un escrito, tienes el esqueleto
literario, sin un enfoque definido, apenas con la idea de lo que vas a decir.
Cuando tengas una historia, una experiencia o una idea, enseguida debes ponerla en remojo, para que tu mente pueda darle vueltas y más vueltas, aplicarla a diversas circunstancias, analizarla desde diferentes ángulos a fin de ser empático con quienes te escuchan, mientras la refuerzas con investigación, esta es la contracara de la oración.
Acostumbra a dejar continuamente ideas, frases, versos bíblicos, en remojo dentro de tu cabeza, hasta que el Espíritu de Dios, haga brotar la sustancia que ha de surgir y dar forma a tu mensaje, hum… puede ser que este lento proceso demore días o , semanas, pero observarás que con la práctica el bombillo se enciende más rápido y perfeccionas tus ideas.
Requiere que busques los principios que hay en esas ideas, que profundices en el conocimiento del tema que te estás planteando, que tomes pausas y luego vuelvas a revisar.
Pasa tiempo con tus ideas formulándote preguntas como:
– ¿Qué quiero decir? Esta respuesta te dará el
enfoque del tema
– ¿Para qué lo quiero decir? Te encaminará
en el propósito de tu mensaje
– ¿Por qué lo quiero decir? Te da
autenticidad y transparencia
– ¿Qué quiero lograr? Esclarece el
fruto que quieres conseguir.
– ¿A qué corazones quiero llegar?
Te llevará a conectar efectivamente con tu auditorio
Las personas de éxito hacen mejores preguntas, y como resultado, reciben mejores respuestas. –Anthony Robbins–
Cada texto ha sido escrito sin ayuda de ChatGPT o alguna otra herramienta de IA, es netamente escritura humana.
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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní


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