Siendo Jesús, el Maestro de maestros... ¿cómo es Su pedagogía?
El título más frecuente para Jesús es: Maestro, así fue llamado por Sus discípulos y contemporáneos porque el núcleo de su actividad era un Mensaje que tenía el carácter de enseñanza.
Mateo 5:1-2 Cuando vio a las multitudes, subió a la ladera de
una montaña y se sentó. Sus discípulos se le acercaron y tomando Él la palabra,
comenzó a enseñarles diciendo:
¿Recuerdas que Jesús no escribió nada? excepto aquella
ocasión... ¡en la arena!
Si Jesús hubiera escrito, sentirías la tentación de
considerarlo como un maestro más de sabiduría, pero cómo Jesús, el Rhabbi,
– mi maestro– es la fuente de la enseñanza, encarna
el evangelio, entonces debes acudir a Su persona, a Su presencia.
Siguiendo la costumbre de los rabinos, Jesús se sentaba para enseñar, sí, también instruía mientras caminaban, pero sentarse comunicaba lo solemne de la enseñanza que vendría; cómo ves, enseñar sentado era enseñar desde una posición de autoridad.
Su pedagogía fue transformadora y sanadora, estableció
un estándar mucho más elevado que el de los más diligentes estudiosos
de la Ley y que continúa a través de todos los tiempos.
Jesús fue un maestro itinerante,
recorría sinagogas, caminos, aldeas; Su ministerio no estuvo limitado a un lugar
específico, hoy, tienes Su enseñanza al alcance de tu mano, en todo momento.
Es notorio que Jesús ama a Sus discípulos
y se relaciona individualmente con cada uno, hablando en el nivel de lenguaje
adecuado que todos pueden entender.
Su forma creativa de enseñar
incluía preguntas retóricas, diálogos, conferencias, historias, hipérboles,
metáforas y parábolas y en algunos casos, giros sorprendentes.
¿Auxiliares didácticos? ¡Claro que sí! Por eso hasta un niño puede comprenderle, usó ejemplos de su entorno y puso en escena muchos de ellos: el lavamiento de los pies, los lirios del campo. Observa un equilibrio saludable entre teoría y práctica: envío a Los Doce a practicar lo aprendido.
Sus respuestas fueron efectivas y prácticas, aplicadas al contexto social de Sus discípulos a través de todos los tiempos; no tenía miedo de derribar argumentos ni confrontar tradiciones erróneas, desafiaba continuamente a su audiencia a tomar decisiones y hacer cambios.
¿Sabes que, durante todo el día, tú dispones de
cantidad de oportunidades para enseñar el evangelio de la misma forma creativa
y didáctica que lo hiciera Jesús?
¿Te atreves a intentarlo?
Primero, necesitas una relación vívida con Jesús, porque Él capacita a quienes se toman el tiempo para orar, escuchar y estudiar;
Segundo, documéntate, conoce el tema, ten a la mano herramientas que, junto con la Escritura, te ayuden a aclarar conceptos y anticipar interpretaciones erróneas;
Finalmente, enseña con responsabilidad, pero, sobre
todo, encarna la enseñanza, como lo hizo el Maestro.
Que el Maestro siga sentándose
contigo…
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Gracias
por participar en la difusión del evangelio.
Raquel Toro
Amanece en Getsemaní


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