¿Te has preguntado si el sufrimiento humano tiene algún propósito?
Más aún… ¿existe algo capaz de sostenernos en medio del sufrimiento?
2corintios 4:15 Todo esto es por el bien de ustedes, para que la
gracia que está alcanzando a más y más personas haga abundar la acción de
gracias para la gloria de Dios.
Pablo
está hablando de sus propias aflicciones, de las diversas persecuciones, del desgaste físico y emocional, sin embargo, entiende con claridad que todo lo que
está viviendo tiene un propósito en dos direcciones:
– Horizontal: contribuye a la
salvación de otros e infunde ánimo a los hermanos que están sufriendo.
– Vertical: glorifica a Dios, no
sólo él, sino que logra que otros, también Le glorifiquen.
Tal como él mismo lo afirma: “no nos predicamos a nosotros mismos”, sino que mientras contamos de la gracia de Dios y de su perdón, nuestras acciones a pesar o en medio del sufrimiento, tienen una meta que va más allá de nuestra propia vida: generar gratitud en otros para que esa gratitud resulte en glorificación a Dios.
Esta debe ser la meta final de todo lo que hace el creyente: que La gracia se expanda como el río de Dios desbordándose y bañando los corazones áridos y estériles, haciendo germinar gratitud que redunde en adoración a Dios.
Podemos
recordar aquella frase de Hombría al Máximo, “el éxito de un hombre no es lo
que toma para sí, sino lo que da”, por qué ¿de qué otra manera podrías explicar,
por ejemplo, las vidas de los apóstoles, que de hecho fueron los primeros
mártires del pueblo que ama a Jesús?
Esta es la gran paradoja del sufrimiento cristiano: Mientras el
mundo podría argumentar pérdida, la Iglesia cosechó salvación; en tanto que el mundo veía sufrimiento
intenso, el Cielo recibía vidas triunfantes; si el mundo ve muerte, el Espíritu de
Dios da nuevos nacimientos.
Así,
la gloria de Dios y la salvación de los que amas y los de tu entorno, debe ser
la prioridad que te mantenga firme en medio de tus acciones, pues el creyente vive
para que la gracia de Dios avance.
Apocalipsis 20:4b Vi también las almas de los que habían sido decapitados
por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios. No habían adorado a la bestia ni a su imagen, ni se habían dejado poner su marca en la frente ni en la mano. Volvieron a vivir y reinaron con Cristo mil años.
Observa la secuencia: sufrimiento por causa del
testimonio que conduce a la expansión de la gracia redentora y ésta produce salvación que
redunda en gloria a Dios.
La pregunta no es cuánto estás sufriendo, sino…
¿Para quién vives tu vida, para ti o para Cristo?
¿Deseas apoyarnos financieramente?
Puedes ofrendar desde PayPal en el siguiente enlace
o el QR desde Nequi:
https://www.paypal.com/donate/?hosted_button_id=D3B95LCK35FBY
Raquel Toro
Amanece en Getsemaní


No hay comentarios.:
Publicar un comentario