En enero de 2006, en medio de una
tormenta eléctrica, un rayo provocó una explosión del gas acumulado a unos 80
metros de profundidad en una mina de carbón del Estado de Virginia, la
explosión dejó atrapados a trece mineros en una de las galerías de la mina.
Al comienzo, los noticieros informaban que doce de ellos habían sido encontrados con vida. Incluso el gobernador del Estado, declaró a CNN: "De veras esperamos y rogamos por una pronta recuperación. No sabemos qué pudo haber pasado, ha sido un accidente horroroso"
El júbilo se apoderó de los familiares
y amigos de los obreros, sin embargo, aquella esperanza pronto se transformó en
tristeza e indignación cuando nuevos informes
confirmaron la realidad: doce de los trece mineros habían muerto, sólo uno sobrevivió.
Cuando la noticia
final llegó a los familiares reunidos en la Iglesia Bautista de Sago, reaccionaron contra los medios que cometieron "errores de comunicación" al difundir horas antes, una falsa y esperanzadora noticia.
Pero algo
profundamente conmovedor salió a la luz: durante sus últimas horas,
algunos de los mineros habían escrito notas para sus familias, palabras de consuelo
y esperanza para quienes amaban.
¿Te imaginas qué
dejaron escrito estos hombres en sus notas de despedida?
Allí atrapados en ese mundo oscuro, sofocante y enfrentados a la realidad de la muerte física, se
convierten para nosotros, en una poderosa metáfora porque en cierto sentido,
también nosotros vivimos en un mundo oscuro
y sofocante donde la muerte física es una certeza invevitable.
Salmo
139:11-12 Y
si dijera: “Que me oculten las tinieblas; que la luz se haga noche en torno
mío” ni las tinieblas serían oscuras para ti, y aun la noche sería clara como
el día. ¡Lo mismo son para ti las tinieblas que la luz!
Es bueno saber que podemos estar en la
oscuridad, pero jamás solos.
¿Cuáles creen que fueron las palabras escritas
en las notas de aquellos hombres?
Seguramente, palabras nacidas desde lo
profundo del corazón, enviadas como mensajeras del alma para hablar cuando sus autores
ya no estuvieran allí, renglones destinados a fortalecer a los que amaban y que pronto enfrentarían momentos difíciles.
Es muy probable que antes de escribir, primero
hablaran con Dios, aprovechando esos últimos minutos para hallar en Él, valor y
consuelo.
Y es que para el Dios que es luz no existe oscuridad
impenetrable, no hay sombra que oculte tu vida de Su mirada, no hay velo que
pueda esconderte de Él; ni máscara o simulación, por elaborada que sea, capaz
de engañar el escrutinio de Dios.
Si tu vida, hoy parece oscura o sofocante, te diré
que es el momento oportuno para comenzar de nuevo, Dios puede tomarla y transformarla en un nuevo orden lleno de propósito.
Al final, todos estamos escribiendo una nota
con nuestras vidas…
¡Haz que tu nota sea del agrado de Dios!
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Gracias por participar en la difusión del evangelio.
Raquel Toro
Amanece en Getsemaní


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