Perdonar parece fácil… hasta que tenemos que hacerlo.
“Hay una clase de
perdón extraño, una especie de puerco-espín del perdón, que termina llenando al
otro de púas. Algunos hieren al que les ha ofendido, lo mantienen al alcance de
su indignación, lo abrazan con su ira y le dejan dolorosamente incrustada su
culpa; y cuando sus espinas le han herido bastante, entonces dicen que lo
perdonan.
Eso no es verdadero perdón.
Se cuenta de un rey que, estando en su
lecho de muerte, recibió la visita de su consejero espiritual quien le dijo:
–Majestad, debe perdonar a Sus
enemigos”
El rey quedó pensativo por un momento y
luego le dijo a la reina:
–“Escríbele a tu hermano, después de
que yo haya muerto, y dile que lo he perdonado y que morí en paz con él”.
El consejero respondió suavemente: –Sería
mejor que su majestad le escribiera ahora mismo”
Pero el rey contestó: –“No, escríbele
cuando yo esté muerto. Ahora bien, si me recupero, todo vuelve a ser como
antes”
Como notarás, esto no es perdón.
El verdadero perdón no alberga malicia
ni resentimiento, no guarda deseos de revancha ni planea venganzas silenciosas,
no busca aparentar reconciliación cuando la verdad es que la herida sigue abierta.
Imagina por un momento que Dios te dijera:
–“Te perdono, pero no olvido, por
toda la eternidad te lo iré recordando…”
¿Sentirías realmente que has sido
perdonado?
Hebreos
10:17-18 Después
añade: ¡Y nunca más me acordaré de sus pecados y maldades!” Y cuando éstos han sido
perdonados, ya no hace falta otro sacrificio por el pecado.
El perdón divino no es solo un acto momentáneo,
es una obra completa que nos libera del peso del pasado.
Bajo el Antiguo Pacto, los sacrificios servían
como un recordatorio constante del pecado, pero en el Nuevo Pacto, establecido
por Jesucristo, encontramos un perdón verdadero y definitivo. Así que para
quien ha recibido este perdón, ya no es necesario ningún otro sacrificio, la
obra de Cristo es suficiente.
La obra de Jesús tiene poder para salvar a
toda la humanidad, pero se hace efectiva en aquellos que le han recibido
como Su Señor y Salvador, y así como Él nos ha perdonado de manera tan generosa,
también nos llama a perdonar de la misma forma.
Tal vez hoy recuerdes a alguien que te hirió…
quizá recordar su nombre aún produce dolor en tu corazón… mira que, aferrarse a la ofensa
te termina hiriendo a ti, perdonar es liberar tu propio corazón.
Perdonar como Dios perdona significa dejar de vivir
en el pasado, a la vez que creas espacios donde florecen la compasión y la
reconciliación, permitiendo que la gracia se convierta en el hilo conductor de tus
relaciones.
¡El verdadero perdón no hiere… te libera!
¿Deseas apoyarnos financieramente?
Puedes ofrendar desde Nequi o desde PayPal en el
siguiente QR o en el enlace:
https://www.paypal.com/donate/?hosted_button_id=D3B95LCK35FBY
Gracias por participar en la difusión del evangelio.
Raquel Toro
Amanece en Getsemaní


No hay comentarios.:
Publicar un comentario