Isaías
55:8-9 Porque mis
pensamientos no son los de ustedes, ni sus caminos son los míos –afirma el
SEÑOR–. Mis caminos y mis pensamientos son más altos que los de ustedes; ¡más
altos que los cielos sobre la tierra!
Siempre existirán dos puntos de vista: el de Dios y el del ser humano, lamentablemente, muchas veces medimos el bien y el mal desde nuestra propia manera de pensar.
El contexto de este pasaje muestra a
Dios llamando a Israel al arrepentimiento, entonces, si hay un llamado al
arrepentimiento, es porque existe pecado, ¿verdad? así que surge una pregunta…
¿Qué piensa nuestro Dios del pecado?
¿No será también diferente Su forma de ver el pecado?
La verdad es que muchas cosas que hoy
consideramos normales, habrían recibido castigos severos, incluso la muerte, en
los tiempos del Antiguo Testamento, ¿será que nuestra manera de ver el pecado
está muy lejos de la manera en que Dios lo ve?
Veamos, si alguien te preguntara: ¿Qué
es pecado? Probablemente responderías algo como: “es fallar, desobedecer,
equivocarse”; pero La Escritura lo define con una claridad mucho más
profunda:
“Pecar es no
alcanzar la medida de lo que Dios exige”
Ante esto, te podrían decir: ¡Pero
si sólo soy un ser humano!
Sin embargo, quien ha nacido de nuevo
ya no es solamente un ser humano gobernado por su antigua naturaleza, sino que
el Espíritu de Dios habita en él; ahora su vida ya no le pertenece pues Cristo
vive en él, y esto no es sólo un ejemplo espiritual sino una realidad
transformadora, por eso resulta tan sorprendente que muchos creyentes pequen a
sabiendas de lo que Dios dice.
Lo cierto es que cuando se pierde el
temor de Dios también se pierde el temor al pecado y entonces ¿qué podrá
detenerlo de hacer lo malo? Pecar conscientemente deja de ser una simple
debilidad para convertirse en una afrenta y un desafío a Dios.
A veces, si un creyente peca repetidamente
y se tranquiliza pensando que, si Dios no lo confrontó de inmediato, entonces no fue tan grave; se dirá cosas como: “Bueno… parece que Dios pasó
por alto esto”
Pero es una ilusión peligrosa, tarde o temprano, todo pecado lleva a la cosecha de sus consecuencias y a un encuentro con Dios.
El pecado nunca es algo superficial,
siempre involucra el corazón, la mente, la voluntad y las acciones; y en toda La
escritura difícilmente encontramos algo que produzca una carga más profunda en
el corazón de Dios que el pecado practicado por Sus hijos.
No endurezcas tu corazón, empieza a
llamar el pecado por el mismo nombre que Dios lo llama; un corazón endurecido
abre la puerta a muchas sombras espirituales y puede llegar a cauterizar la
conciencia.
El día que veamos el pecado como Dios
lo ve, dejaremos de discutir con la Verdad y comenzará la
transformación de nuestro corazón.
¿Deseas apoyarnos financieramente?
Puedes ofrendar desde PayPal en el siguiente enlace o el
QR desde Nequi:
https://www.paypal.com/donate/?hosted_button_id=D3B95LCK35FBY
Gracias por participar en la difusión del evangelio.
Raquel Toro
Amanece en Getsemaní


No hay comentarios.:
Publicar un comentario