Un criador de perros, acababa de colgar
en su puerta un anuncio indicando que tenía para la venta cachorros de raza pura,
en ese momento sintió que alguien tiraba suavemente de su chaqueta, al voltear vio
a un niño con una gran sonrisa y algo en su mano.
–Señor –le dijo el niño–, quiero comprar uno de sus perritos.
El hombre le respondió: –Estos cachorros
provienen de padres de raza pura y cuestan bastante dinero.
El niño bajó su cabeza por un momento,
miró de nuevo al vendedor y le dijo: –Sólo tengo dos monedas, ¿es suficiente para
mirarlos un poco?
–Claro que sí –respondió el hombre.
Entonces silbó para llamar a la perra que, a los pocos segundos apareció seguida de varias pequeñas bolitas de pelo con
patas y ojos brillantes, pero al final, venía uno más pequeño, que avanzaba con
dificultad, tratando de alcanzar a los demás.
El niño, emocionado, señaló y dijo: –¡Quiero
ese último perrito!
El hombre se arrodilló junto a él y con
ternura le dijo:
–Hijo, no estoy seguro de que lo
quieras, ese perrito nunca va a ser capaz de correr ni jugar como todos los
demás.
Inclinándose, el niño levantó lentamente las perneras de su pantalón, mostrando sus zapatos ortopédicos y las abrazaderas de acero que sostenían sus piernas, miró al hombre y le dijo:
–Yo tampoco puedo correr como los demás niños, ese perrito va a necesitar a alguien que pueda entenderlo.
Así es el ministerio cristiano, las
personas no sólo necesitan ayuda, necesitan alguien que las entienda.
1Pedro 4:10 Cada uno ponga al servicio de los demás el don
que haya recibido, administrando fielmente la gracia de Dios en sus diversas
formas.
Mira que Dios, haciendo un voto de confianza, ha
depositado en cada uno de nosotros, por lo menos, un don, don que tenemos el privilegio de usar para
entender y ministrar a otros y la responsabilidad de ser buenos
administradores de la multiforme gracia divina.
Sí, la gracia de Dios es multiforme, es
decir, se manifiesta de muchas maneras, por eso existe una diversidad de dones
espirituales entre los creyentes, nadie queda excluido, sino que todos hemos
recibido algo para servir.
Dios ha confiado en ti, por eso te ha entregado: sabiduría, dones, capacidades, fuerza; Él sabe que estás plenamente equipado para desarrollar esa oportunidad que te ha encomendado.
1Corintios 4:2 Ahora bien, a los que
reciben un encargo se les exige que demuestren ser dignos de confianza.
¿Qué espera Dios de ti? Fidelidad y resultados, que seas un administrador productivo y fiel.
¿Qué es un administrador fiel?
Alguien que cuida, maneja y hace producir algo que le pertenece a otro, en nuestro caso, administramos lo que pertenece a Dios: dones, tiempo, resultados y oportunidades.
El llamado es a pasar del egocentrismo al servicio, usando lo que somos y lo que tenemos para
fortalecer a otros en la comunidad cristiana, en la familia y en el entorno.
La verdadera
mayordomía espiritual requiere responsabilidad, sensibilidad e
intencionalidad.
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Gracias por participar en la difusión del evangelio.
Raquel Toro
Amanece en Getsemaní


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