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lunes, 19 de marzo de 2018

"UNA HABITACIÓN AGRADABLE"

Jeremías 17:9 Nada hay tan engañoso como el corazón. No tiene remedio. ¿Quién puede comprenderlo?


     1. El corazón se puede endurecer:

Hebreos 3:7-8 Por eso, como dice el Espíritu Santo: “Si ustedes oyen hoy su voz, no endurezcan el corazón como sucedió en la rebelión, en aquel día de prueba en el desierto.

El pecado repetitivo tiene la capacidad de endurecer el corazón, similar a cuando usas tus manos para hacer un oficio que te irrita la piel, en las primeras ocasiones puede ser doloroso, más, luego de hacer dicha labor con cierta frecuencia, la piel va desarrollando un endurecimiento natural que hace que puedas desempeñar dicho oficio sin que ya cause irritabilidad, ni siquiera enrojecimiento.

Igual ocurre en el corazón, en aquellos pecados iniciales puedes sentir temor y hasta dolor en tu alma, sin embargo, cuando los repites una y otra vez, experimentarás menos temor, hasta que por último, no te producen ni la más mínima inquietud. No hay nadie que haya dado el primer paso hacia el pecado sin sentir antes la advertencia de su corazón y, si a pesar de ello continúa, se te convertirá en un pecado habitual.

Síntoma: El pecado repetitivo.

2.     El corazón se puede insensibilizar:

Salmo 119:70 El corazón de ellos es torpe e insensible, pero yo me regocijo en tu ley.

Insensible, indiferente. ¿A quién le gusta sentir dolor? Pero mira que el dolor nos protege y nos advierte de cosas peores; nos duele porque las células nerviosas están enviando un mensaje de alerta al cerebro; el cerebro se entera de que ocurre algo anormal y te avisa para que busques una solución.

Un órgano se vuelve indiferente al dolor cuando pierde o no tiene buena comunicación con el cerebro; el corazón se vuelve insensible cuando no tiene o ha perdido comunicación con Jesucristo. En principio siente dolor al ver el sufrimiento de otros, luego esto va cambiando y deja de importarle lo que sucede en su entorno. ¡Se insensibiliza a la Palabra de Dios, a Su alabanza, al compañerismo entre hermanos!

Síntoma: Desinterés.

3.     El corazón se vuelve rebelde:

Jeremías 5:23 Pero este pueblo tiene un corazón terco y rebelde; se ha descarriado, ha sido infiel.

¡Rebeldía es saber qué obedecer pero hacer lo contrario! La rebeldía es desobediencia, resistencia, incluso oposición. La rebeldía nubla las opiniones, los razonamientos, hace del grito su argumento, polariza los sentidos, anula toda buena voluntad y deja afuera la reconciliación.

Es sentir la mano del Padre sobre tu hombro y salirse de ella para optar deliberadamente por el camino que conduce lejos de Él.

Síntoma: Altivez.

4.     El corazón se puede volver inconstante:

Santiago 1:6-7 Pero que pida con fe, sin dudar, porque quien duda es como las olas del mar, agitadas y llevadas de un lado a otro por el viento. Quien es así no piense que va a recibir cosa alguna del Señor; es indeciso e inconstante en todo lo que hace.

Personaje inestable y ambivalente de carácter débil, sin firmeza; cambia de opinión con facilidad y bastante frecuencia. Sinónimo de irresponsabilidad. Continuamente está empezando nuevos proyectos pero los abandona rápidamente, aún sin que haya obstáculos, sólo abandona porque tiene debilidad de carácter.

Como vacila entre la fe y la incredulidad, Dios es bastante claro: “No piense que va a recibir cosa alguna del Señor” Pues Él anhela hombres y mujeres de carácter firme.

Síntoma: Infidelidad espiritual.

¡Haz de tu corazón una habitación agradable para el Espíritu del Señor!

Salmo 51:10 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu.


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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní

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