La
escena era sorprendente, pues todos, hombres, mujeres, niños, llevábamos puesto
el mismo chaleco, la misma forma y el mismo color. Damas muy finamente vestidas
llevaban el mismo chaleco salvavidas que las mujeres de la limpieza, los
hombres de ropa elegantes llevaban también el mismo chaleco salvavidas que los
cocineros y los mecánicos.
Cada
vez que el pueblo de Dios se congrega es como un simulacro de salvamento, sin
importar edad, género, educación, todos llevamos puesto el mismo chaleco
salvavidas: ¡Cristo Jesús!
1 Corintios 12:13 Todos fuimos
bautizados por un solo Espíritu para constituir un solo cuerpo –ya seamos
judíos o gentiles, esclavos o libres–, y a todos se nos dio a beber de un mismo
Espíritu.
Un
cuerpo es saludable y eficaz cuando cada uno de sus sistemas y órganos están conectados
y desarrollando sus respectivas funciones, tal y como Dios, nuestro Creador, lo
diseñó y sincronizó para nuestra experiencia de vida.
La
Iglesia no es un edificio, es un cuerpo: “El cuerpo de Cristo”, se va
completando a medida que cada persona nacida de nuevo, es bautizada por Cristo en
Su Espíritu Santo; así, Jesús mismo ha creado esta unidad indivisible entre los
creyentes de todas las generaciones, sin excepción, pues si existieran más de
unos o de los otros, se destruiría el principio de unidad.
En
la Escritura no existen ejemplos de creyentes anónimos, seguidores encubiertos
o discípulos secretos; no hay tal cosa como el aislamiento; si tu primer
llamado fue a creer, el siguiente es a pertenecer; formar parte de Su Cuerpo implica
participación activa, dinámica, porque, aunque tu relación con Jesús es
personal, Él no desea que quede en el anonimato.
La
iglesia es parte del plan de Dios para rescatar el mundo y, la vida en comunidad
es parte de Su plan para los que ya rescatados; verás que, en ella, aprenderás
a amar a aquellos difíciles de ser amados; aprenderás a perdonar para poder
restaurar; aprenderás a pedir perdón para restablecer la comunicación;
experimentarás lo que es consolar, animar, apoyar; tendrás la oportunidad de
servir y poner tus dones y talentos al servicio de tu Congregación.
La
Iglesia es tan importante que Jesús Se entregó por ella, y el que tú
pertenezcas a ella, significa que, tú debes ser un órgano vital, necesario y
colaborativo; debes involucrarte dentro de la iglesia local en la que Dios te
ha plantado, para que descubras Su propósito y para que Su Espíritu pueda
desarrollar tus dones a su máximo potencial; verás que encontrarás tu rol
adecuado dentro de ella y esto te añadirá sentido eterno.
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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní


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