¿Qué
imagen tienes de Jesús?
Mira que al hacer esta pregunta, algunos recuerdan ese cuadro colgado en la pared de su casa, donde se ve a un hombre apuesto, de hermosos rasgos que distan bastante de los rasgos judíos; de ojos azules o verdes que miran con aire de serenidad. Otros recuerdan ese crucifijo sangrante, en estado agónico; otros, piensan en Él como el niño cargado en los brazos de la virgen María…
Puede
suceder también que, si le preguntas a un niño, tal vez lo relacione con regalos
o vacaciones o luces de colores… cómo ves, se debe hacer una reevaluación de la
imagen de Jesús.
Lucas 2:7 Así
que dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un
pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada.
Muchísimo
más allá de la imagen del pesebre con la sagrada
familia, el nacimiento de Jesús es, La visita del Dios Eterno a la Tierra.
Un Dios humilde que vino a la Tierra no como un huracán violento ni como fuego devorador; nuestro supremo Hacedor se fue haciendo más y más pequeño, hasta tomar nuestra naturaleza a la vez que, revestido de la gloria del Hijo Unigénito.
Dios
habitando en un cuerpo igual al nuestro, con las mismas limitaciones que
tenemos los seres humanos: se cansaba, tuvo hambre, sed, se durmió en un
momento crucial para Sus amigos; fue tentado, con la diferencia de que jamás pecó, sino que tuvo una vida de perfecta obediencia al Padre.
Habló
nuestras palabras para que pudiésemos comprender que existe un amor más grande,
el amor del Padre, que desea abrazarnos, ayudarnos, alimentarnos, cuidarnos, protegernos;
fue necesario que Dios se hiciera hombre para explicarnos Su salvación, revelarnos la verdad y así, hacernos libres del poder de las tinieblas.
Jesús
vino y se hizo Uno con nuestro dolor… allí, muy cerca de las planicies en las
que Job vivió el dolor de la bancarrota más grande que pueda haber existido,
además de perder a los que amaba; cerca de la tumba donde Jacob con lágrimas le
diera sepultura a su amada Raquel; cerca de donde vivió Ruth junto a Booz, su
pariente redentor; muy cerca de la casa de David, el rey David; el Padre vino a
hablarnos de Su amor y Su perdón desde los labios de un judío en Palestina: Su
Hijo, Su esencia, de la misma naturaleza que el Padre y llamado, Jesús.
Jesús ha marcado un sendero por el que andamos quienes Le seguimos, ¿cuál es?
Una vida de amor, servicio y fidelidad al Padre, incluso en el dolor, en medio de la oposición y amando aún a personas que son difíciles de ser amadas.
Tú,
¿quieres caminar por esta misma senda?
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Gracias por participar en la difusión del evangelio.
Raquel Toro
Amanece en Getsemaní


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